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Argentina ya tiene su primera escuela sustentable

El objetivo es tratar de resolver los problemas básicos que cualquier ciudad debe procurar a sus habitantes     Un […]

El objetivo es tratar de resolver los problemas básicos que cualquier ciudad debe procurar a sus habitantes

 

 

Un total de 45 días fueron los utilizados para construir la primera escuela sustentable en Mar Chiquita en Argentina, en la que asisten 60 alumnos. El 60% es material reciclado. Más 2 mil cubiertas gastadas, 4 mil botellas y 8 mil latas de aluminio, para edificar el edificio de unos 300 m2. El resto de los materiales se compone principalmente de madera y cemento.

El objetivo es tratar de resolver los problemas básicos que cualquier ciudad debe procurar a sus habitantes.

El probado método de construcción levantado por unas 200 personas que cumplieron al pie de la letra con las premisas del arquitecto norteamericano Michael Reynolds, logra dar refugio; recoge en su techo agua de lluvia para almacenarla en tanques, la filtra y es la que usan los alumnos, sirve luego para dar riego al invernadero (será plantado con especies tropicales, papaya, banano, entre otras), y al huerto que está al frente del edificio; genera su propia energía eléctrica a través de paneles solares y por su orientación aprovecha al máximo los rayos del sol todo el año para mantener una temperatura estable entre los 18° y los 25°. No requiere calefacción, tampoco refrigeración.

El objeto a imitar es un árbol, explicó un colaborador del arquitecto estadounidense Michael Reynolds, y señaló que será única por sus características -como lo es también la albufera que caracteriza este balneario que en 1997 fue declarada reserva mundial por la Unesco-: la escuela será la primera sustentable de la Argentina. Esto es porque “todo el tiempo toma energía del sol, tiene sus raíces en la tierra, sus propios desperdicios van a la tierra, y da frutos, comida”.

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La obra comenzó el 1° de marzo. Empezaron a enterrarse los cimientos de cubiertas de caucho rellenas con granza y en menos de quince días el esqueleto de aulas y baños estaba erguido, el terraplén de tierra donde se apoya consolidado y en el día 23 la obra ya tenía techo y vidrios colocados, en el día 25 se terminó de consolidar el piso.

Las paredes a los lados de la galería tienen insertadas botellas de vidrio verde, blanco, marrón y unas 8 mil latitas de aluminio están escondidas bajo el revoque, usadas como ladrillos, en los muros externos del hormigón, en hileras.

Reynolds, ícono de la construcción ecológica, se popularizó luego del documental “Garbage Warrior” (El Guerrero de la basura) del director Oliver Hodge, estrenado en 2007, que narra su historia a partir de 1978 cuando se instaló al desierto de Taos, en Nuevo México, para emprender un proyecto experimental, construir viviendas que no impactaran negativamente en el planeta, integradas a su entorno, “earthships” o naves de la tierra, que se autoabastecen de alimentos, recuperan agua de lluvia y residuales y producen su propia energía.

La escuela de Mar Chiquita, la municipal N° 12, es la primera sustentable del país, pero no de Sudamérica. Reynolds puso pie en el continente primero con una escuela en el balneario Jaureguiberry, Canelones, en Uruguay, y tampoco será la última: el próximo proyecto lo desarrollará en Bolivia, en una localidad cercana a Santa Cruz de la Sierra.

La elección del balneario bonaerense, ubicado a 35 kilómetros al norte de Mar del Plata, llegó a partir de la labor de la ONG local Amartya, que trabaja en el proyecto “Planmar”, diseñado entre docentes, alumnos y el gobierno para implementar un plan de educación ambiental que alcance en 2020 al total de la comunidad educativa del distrito.

“Buscábamos un municipio que se adaptara a nuestras necesidades, y eso comprendía un acompañamiento real de la comunidad”, explicó Martín Espósito, director de Tagma, la organización uruguaya que promovió el arribo de Earthship Biotectura, la empresa de Reynolds, y la construcción en 2016 de la escuela en Canelones.

“Esta escuela va a poder enseñarle a los chicos cómo hacerlo, ellos a su vez se lo trasmitirán a sus padres. No hay que hacer un cambio masivo, sólo hay que cambiar la forma en que vivimos. Y eso se hace obteniendo agua del cielo, confort del sol, empoderando a las personas que hagan cosas por ellos mismos porque es un camino que muestra a la gente cuál podría ser el próximo paso y eso es mejor que hablar del tema una y otra vez -explicó el arquitecto- y no hacer nada: Mar Chiquita ya hizo algo”. Nada menos que una escuela pública.

 

 

 

 

26 julio, 2018

El objetivo es tratar de resolver los problemas básicos que cualquier ciudad debe procurar a sus habitantes

 

 

Un total de 45 días fueron los utilizados para construir la primera escuela sustentable en Mar Chiquita en Argentina, en la que asisten 60 alumnos. El 60% es material reciclado. Más 2 mil cubiertas gastadas, 4 mil botellas y 8 mil latas de aluminio, para edificar el edificio de unos 300 m2. El resto de los materiales se compone principalmente de madera y cemento.

El objetivo es tratar de resolver los problemas básicos que cualquier ciudad debe procurar a sus habitantes.

El probado método de construcción levantado por unas 200 personas que cumplieron al pie de la letra con las premisas del arquitecto norteamericano Michael Reynolds, logra dar refugio; recoge en su techo agua de lluvia para almacenarla en tanques, la filtra y es la que usan los alumnos, sirve luego para dar riego al invernadero (será plantado con especies tropicales, papaya, banano, entre otras), y al huerto que está al frente del edificio; genera su propia energía eléctrica a través de paneles solares y por su orientación aprovecha al máximo los rayos del sol todo el año para mantener una temperatura estable entre los 18° y los 25°. No requiere calefacción, tampoco refrigeración.

El objeto a imitar es un árbol, explicó un colaborador del arquitecto estadounidense Michael Reynolds, y señaló que será única por sus características -como lo es también la albufera que caracteriza este balneario que en 1997 fue declarada reserva mundial por la Unesco-: la escuela será la primera sustentable de la Argentina. Esto es porque “todo el tiempo toma energía del sol, tiene sus raíces en la tierra, sus propios desperdicios van a la tierra, y da frutos, comida”.

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La obra comenzó el 1° de marzo. Empezaron a enterrarse los cimientos de cubiertas de caucho rellenas con granza y en menos de quince días el esqueleto de aulas y baños estaba erguido, el terraplén de tierra donde se apoya consolidado y en el día 23 la obra ya tenía techo y vidrios colocados, en el día 25 se terminó de consolidar el piso.

Las paredes a los lados de la galería tienen insertadas botellas de vidrio verde, blanco, marrón y unas 8 mil latitas de aluminio están escondidas bajo el revoque, usadas como ladrillos, en los muros externos del hormigón, en hileras.

Reynolds, ícono de la construcción ecológica, se popularizó luego del documental “Garbage Warrior” (El Guerrero de la basura) del director Oliver Hodge, estrenado en 2007, que narra su historia a partir de 1978 cuando se instaló al desierto de Taos, en Nuevo México, para emprender un proyecto experimental, construir viviendas que no impactaran negativamente en el planeta, integradas a su entorno, “earthships” o naves de la tierra, que se autoabastecen de alimentos, recuperan agua de lluvia y residuales y producen su propia energía.

La escuela de Mar Chiquita, la municipal N° 12, es la primera sustentable del país, pero no de Sudamérica. Reynolds puso pie en el continente primero con una escuela en el balneario Jaureguiberry, Canelones, en Uruguay, y tampoco será la última: el próximo proyecto lo desarrollará en Bolivia, en una localidad cercana a Santa Cruz de la Sierra.

La elección del balneario bonaerense, ubicado a 35 kilómetros al norte de Mar del Plata, llegó a partir de la labor de la ONG local Amartya, que trabaja en el proyecto “Planmar”, diseñado entre docentes, alumnos y el gobierno para implementar un plan de educación ambiental que alcance en 2020 al total de la comunidad educativa del distrito.

“Buscábamos un municipio que se adaptara a nuestras necesidades, y eso comprendía un acompañamiento real de la comunidad”, explicó Martín Espósito, director de Tagma, la organización uruguaya que promovió el arribo de Earthship Biotectura, la empresa de Reynolds, y la construcción en 2016 de la escuela en Canelones.

“Esta escuela va a poder enseñarle a los chicos cómo hacerlo, ellos a su vez se lo trasmitirán a sus padres. No hay que hacer un cambio masivo, sólo hay que cambiar la forma en que vivimos. Y eso se hace obteniendo agua del cielo, confort del sol, empoderando a las personas que hagan cosas por ellos mismos porque es un camino que muestra a la gente cuál podría ser el próximo paso y eso es mejor que hablar del tema una y otra vez -explicó el arquitecto- y no hacer nada: Mar Chiquita ya hizo algo”. Nada menos que una escuela pública.

 

 

 

 

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