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Aún estamos a tiempo de evitar una guerra por los peces

Una guerra entre las empresas pesqueras podría desatarse en el mundo   Contrario a lo que muchos piensan, las elevadas […]

Una guerra entre las empresas pesqueras podría desatarse en el mundo

 

Contrario a lo que muchos piensan, las elevadas emisiones de carbono a la atmósfera que provocan el calentamiento global, afectan en gran medida la dinámica en distintos ámbitos del desarrollo humano. El aumento de las temperaturas en los océanos, está ocasionando que los peces emigren a aguas más frías y esto en consecuencia influiría en la dinámica del comercio pesquero alrededor del mundo. Así lo ha revelado un estudio de la Universidad Rutgers-New Brunswick en Nueva Jersey con el que se advierte que podríamos estar al borde una guerra en la pesquería.

Esta posible y por ahora evitable, una confrontación podría afectar el suministro de alimentos provenientes del mar en todo el mundo, pues cada país ha establecido sus fronteras marinas y violarlas sería un detonante fatal.

Antecedentes

Los investigadores han recordado episodios de la historia en los que se ha vivido este tipo de conflictos a raíz del movimiento de los peces. Uno de ellos, que sigue vigente, es la “guerra de la caballa” un pez azul de agua salada, entre Islandia y la Unión Europea (UE).El problema se produjo hace poco más de una década, cuando los pescadores de distintos países miembros de la UE advirtieron que las caballas habían comenzado a trasladarse a aguas más frías cerca de Islandia.

El país, que no es miembro de la UE, empezó a pescar la caballa sin respetar los límites de pesca sostenible de la especie, iniciándose así una guerra comercial que hoy sigue librándose. Algo similar pasa con los pescadores de langosta de Estados Unidos y Canadá, enfrentados por la explotación pesquera de este crustáceo que se está desplazando desde Nueva Inglaterra hasta aguas canadienses.

Definitivamente, irse a una batalla en medio del mar no es la solución. Los autores del estudio aseveran que evitar el conflicto depende de un cambio en las políticas ambientales para reducir el inminente aumento de las temperaturas del mar.

El norte de cada país entonces debería ser reducir el impacto sobre las especies y, en general, los ecosistemas, a menudo sustentados por estas especies de valor comercial sobre las que ahora se centran las presiones. Asimismo, es necesario recordar los acuerdos aprobados en la Cumbre del Clima de París y transitar hacia una economía baja en carbono, es decir, una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El acuerdo persigue contener el calentamiento climático para evitar una subida de las temperaturas por encima de los dos grados con relación a las de la época preindustrial, pues de darse este incremento, las especies podrían moverse cientos de millas hacia el norte en busca de aguas más frías.

Te podría interesar: El cambio climático también podría dejarnos sin alimento proveniente del mar

 

No obstante, el movimiento de los peces es inevitable. La tarea sería entonces evitar los conflictos sobre las poblaciones de peces.

Los investigadores proponen que los órganos de gobierno que supervisan las pesquerías de un país negocien con las organizaciones pesqueras vecinas para tener en cuenta las antiguas explotaciones pesqueras que se mudan y las nuevas que se trasladan. Otra opción sería permitir la comercialización de permisos de pesca o cuotas a través de fronteras internacionales.

“Necesitamos acuerdos internacionales para la monitorización colaborativa y el intercambio de la explotación pesquera a medida que se mueven, de forma muy similar a como comenzó el acuerdo de conservación antártica”, indica Malin Pinsky, autora del estudio y profesora de Ecología, Evolución y Recursos Naturales en la Escuela de Medio Ambiente y Ciencias Biológicas de la Universidad de Rutgers-New Brunswick.

Reitera que el mundo tiene en este momento un oportunidad única para evitar los conflictos y tensiones internacionales que pondrían en riesgos el suministro de alimentos y las ganancias de un sector que genera empleos en todo el mundo.

 

 

 

25 julio, 2018

Una guerra entre las empresas pesqueras podría desatarse en el mundo

 

Contrario a lo que muchos piensan, las elevadas emisiones de carbono a la atmósfera que provocan el calentamiento global, afectan en gran medida la dinámica en distintos ámbitos del desarrollo humano. El aumento de las temperaturas en los océanos, está ocasionando que los peces emigren a aguas más frías y esto en consecuencia influiría en la dinámica del comercio pesquero alrededor del mundo. Así lo ha revelado un estudio de la Universidad Rutgers-New Brunswick en Nueva Jersey con el que se advierte que podríamos estar al borde una guerra en la pesquería.

Esta posible y por ahora evitable, una confrontación podría afectar el suministro de alimentos provenientes del mar en todo el mundo, pues cada país ha establecido sus fronteras marinas y violarlas sería un detonante fatal.

Antecedentes

Los investigadores han recordado episodios de la historia en los que se ha vivido este tipo de conflictos a raíz del movimiento de los peces. Uno de ellos, que sigue vigente, es la “guerra de la caballa” un pez azul de agua salada, entre Islandia y la Unión Europea (UE).El problema se produjo hace poco más de una década, cuando los pescadores de distintos países miembros de la UE advirtieron que las caballas habían comenzado a trasladarse a aguas más frías cerca de Islandia.

El país, que no es miembro de la UE, empezó a pescar la caballa sin respetar los límites de pesca sostenible de la especie, iniciándose así una guerra comercial que hoy sigue librándose. Algo similar pasa con los pescadores de langosta de Estados Unidos y Canadá, enfrentados por la explotación pesquera de este crustáceo que se está desplazando desde Nueva Inglaterra hasta aguas canadienses.

Definitivamente, irse a una batalla en medio del mar no es la solución. Los autores del estudio aseveran que evitar el conflicto depende de un cambio en las políticas ambientales para reducir el inminente aumento de las temperaturas del mar.

El norte de cada país entonces debería ser reducir el impacto sobre las especies y, en general, los ecosistemas, a menudo sustentados por estas especies de valor comercial sobre las que ahora se centran las presiones. Asimismo, es necesario recordar los acuerdos aprobados en la Cumbre del Clima de París y transitar hacia una economía baja en carbono, es decir, una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El acuerdo persigue contener el calentamiento climático para evitar una subida de las temperaturas por encima de los dos grados con relación a las de la época preindustrial, pues de darse este incremento, las especies podrían moverse cientos de millas hacia el norte en busca de aguas más frías.

Te podría interesar: El cambio climático también podría dejarnos sin alimento proveniente del mar

 

No obstante, el movimiento de los peces es inevitable. La tarea sería entonces evitar los conflictos sobre las poblaciones de peces.

Los investigadores proponen que los órganos de gobierno que supervisan las pesquerías de un país negocien con las organizaciones pesqueras vecinas para tener en cuenta las antiguas explotaciones pesqueras que se mudan y las nuevas que se trasladan. Otra opción sería permitir la comercialización de permisos de pesca o cuotas a través de fronteras internacionales.

“Necesitamos acuerdos internacionales para la monitorización colaborativa y el intercambio de la explotación pesquera a medida que se mueven, de forma muy similar a como comenzó el acuerdo de conservación antártica”, indica Malin Pinsky, autora del estudio y profesora de Ecología, Evolución y Recursos Naturales en la Escuela de Medio Ambiente y Ciencias Biológicas de la Universidad de Rutgers-New Brunswick.

Reitera que el mundo tiene en este momento un oportunidad única para evitar los conflictos y tensiones internacionales que pondrían en riesgos el suministro de alimentos y las ganancias de un sector que genera empleos en todo el mundo.

 

 

 

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