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Cooperar es un estilo de vida para Paula

La joven administradora valora haber llegado a países como México y el Salvador para ayudar a comunidades necesitadas     […]

La joven administradora valora haber llegado a países como México y el Salvador para ayudar a comunidades necesitadas

 

 

A lo largo de su vida muchas personas experimentan de algún modo el ser voluntario. Ayudar de manera desinterada a algún miembro de una comunidad a través de herramientas personales o acciones con una organización. Esta misión puede ser corta o larga, pero sus repercusiones son infitinas. Una labor social puede llegar a cambiar la vida de cualquiera, tanto quien la recibe como quien la da. Ese es el caso de Paula, un joven de Alcalá de Henares, que durante su último año en la universidad decidió convertirse en una activista, tanto en España como en otros países, muy lejos de casa.

 

A pesar de haber cursado una carrera más cercana a los números que a la personas –Administración y Dirección de empresas- Paula ha desarrollado muy bien su faceta como voluntaria desde que empezó a formar parte de un programa de cooperación con la empresa donde trabaja. Comenzó  en su ciudad natal, allí recolectaba alimentos y juguetes, pues desde pequeña ha sentido la necesidad de ayudar al prójimo. Luego, con su trabajo en Teléfonica conoció las posibilidades que existen para ayudar a los demás por medio de programas, asociaciones y un sinfín de organizaciones dirigidas a los sectores con más necesidades.

 

Vacaciones poco comunes

Este camino emprendido de forma natural por la joven la llevó a vivir unas vacaciones poco usuales. Ella donó sus días libres a proyectos de organizaciones sin ánimo de lucro a nivel nacional e internacional. Así llegó a México, donde describe haber vivido una experiencia muy enriquecedora y positiva. “Tenía miedo de que la experiencia se convirtiera más en publicidad positiva para la empresa que una labor realmente positiva para los beneficiarios del proyecto pero nada más lejos de la realidad” cuenta.

 

Durante su periodo en México ayuda a personas y también conoció a otras Organizaciones No Gubernamentales que trabajan en la comunidad Chilcuahutla, donde el índice de pobreza supera el 70 %. En esta humilde zona, Paula hizo teatro con los niños, a quienes enseñaron dirección, guión y vestuario. Algo que quizás puede ser muy común en una escuela  de cualquier parte del mundo.

 

A diferencia del voluntariado que hace en España, Paula señala que el contexto es totalmente distinto. “Podemos leer y escuchar mucho sobre lo que sucede en otros países pero no eres consciente 100% hasta que no estás allí. Es cierto que a nivel emocional, me impactó mucho más la primera experiencia vivida en El Salvador, era más joven y sentí muy de cerca la relación con las personas de la comunidad con la que vivía, pero también es cierto que lo vivido en la escuela de Chilcuahutla, las conversaciones con los niños y niñas, sus realidades no lo voy a olvidar nunca”.

 

Cuenta que en España, ser activista es mucho más fácil. Puedes conocer a fondo las historias de cada ONG o fundación y prepararte para la experiencia que vas a vivir. Cuando viajas a otro continente, no existen antecedentes.

 

A pesar de lo impactante que pueda resultar la realidad de otros países para muchas personas, Paula valora lo que ha aprendido durante sus viajes. Expresa que ha entendido lo que realmente vale en la vida. Aprendió a diferenciar los problemas reales de los caprichos. Y por otro lado, se atrevió a vivir experiencias únicas. “Aprendí a sentir de manera diferente, a ser más valiente (hasta comí chamues! que son como cucarachas), aprendí que quiero conocer, en mi vida profesional y personal, a personas positivas que aporten, con ganas de hacer y de cambiar el mundo” subrayó.

 

Te podría interesar: Al menos el 37% de los españoles hace labores de voluntariado alguna vez al año

 

Con respecto a sus motivaciones, la joven menciona que la mayor recompensa de su trabajo como voluntaria ha sido las muestras de felicidad, satisfacción y agradecimiento de todos los niños, abuelos y adultos que ha llegado a ayudar.

 

Una de las cosas más dificiles es volver a casa y sentir como ha dado por sentadas muchas cosas que en otros países no existen. “Al regresar sentí que todo eso me avasallaba, que estábamos sobreexpuestos al marketing, que creemos que necesitamos todo lo que tenemos a nuestro alrededor, y no nos damos cuenta de que si no tuviéramos todas esas cosas, atenderíamos más a las personas. Creo que sentiríamos un poquito más cada momento que vivimos” detalló.

 

Al sentirse un poco abrumada, para Paula la mejor medicina es recordar uno de sus momentos más especiales en México: la presentación de la obra de teatro creada por las niñas y niños en la escuela de Chilcuahutla. Su mayor inspiración para continuar con su invaluable labor.

19 mayo, 2018
La joven administradora valora haber llegado a países como México y el Salvador para ayudar a comunidades necesitadas

 

 

A lo largo de su vida muchas personas experimentan de algún modo el ser voluntario. Ayudar de manera desinterada a algún miembro de una comunidad a través de herramientas personales o acciones con una organización. Esta misión puede ser corta o larga, pero sus repercusiones son infitinas. Una labor social puede llegar a cambiar la vida de cualquiera, tanto quien la recibe como quien la da. Ese es el caso de Paula, un joven de Alcalá de Henares, que durante su último año en la universidad decidió convertirse en una activista, tanto en España como en otros países, muy lejos de casa.

 

A pesar de haber cursado una carrera más cercana a los números que a la personas –Administración y Dirección de empresas- Paula ha desarrollado muy bien su faceta como voluntaria desde que empezó a formar parte de un programa de cooperación con la empresa donde trabaja. Comenzó  en su ciudad natal, allí recolectaba alimentos y juguetes, pues desde pequeña ha sentido la necesidad de ayudar al prójimo. Luego, con su trabajo en Teléfonica conoció las posibilidades que existen para ayudar a los demás por medio de programas, asociaciones y un sinfín de organizaciones dirigidas a los sectores con más necesidades.

 

Vacaciones poco comunes

Este camino emprendido de forma natural por la joven la llevó a vivir unas vacaciones poco usuales. Ella donó sus días libres a proyectos de organizaciones sin ánimo de lucro a nivel nacional e internacional. Así llegó a México, donde describe haber vivido una experiencia muy enriquecedora y positiva. “Tenía miedo de que la experiencia se convirtiera más en publicidad positiva para la empresa que una labor realmente positiva para los beneficiarios del proyecto pero nada más lejos de la realidad” cuenta.

 

Durante su periodo en México ayuda a personas y también conoció a otras Organizaciones No Gubernamentales que trabajan en la comunidad Chilcuahutla, donde el índice de pobreza supera el 70 %. En esta humilde zona, Paula hizo teatro con los niños, a quienes enseñaron dirección, guión y vestuario. Algo que quizás puede ser muy común en una escuela  de cualquier parte del mundo.

 

A diferencia del voluntariado que hace en España, Paula señala que el contexto es totalmente distinto. “Podemos leer y escuchar mucho sobre lo que sucede en otros países pero no eres consciente 100% hasta que no estás allí. Es cierto que a nivel emocional, me impactó mucho más la primera experiencia vivida en El Salvador, era más joven y sentí muy de cerca la relación con las personas de la comunidad con la que vivía, pero también es cierto que lo vivido en la escuela de Chilcuahutla, las conversaciones con los niños y niñas, sus realidades no lo voy a olvidar nunca”.

 

Cuenta que en España, ser activista es mucho más fácil. Puedes conocer a fondo las historias de cada ONG o fundación y prepararte para la experiencia que vas a vivir. Cuando viajas a otro continente, no existen antecedentes.

 

A pesar de lo impactante que pueda resultar la realidad de otros países para muchas personas, Paula valora lo que ha aprendido durante sus viajes. Expresa que ha entendido lo que realmente vale en la vida. Aprendió a diferenciar los problemas reales de los caprichos. Y por otro lado, se atrevió a vivir experiencias únicas. “Aprendí a sentir de manera diferente, a ser más valiente (hasta comí chamues! que son como cucarachas), aprendí que quiero conocer, en mi vida profesional y personal, a personas positivas que aporten, con ganas de hacer y de cambiar el mundo” subrayó.

 

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Con respecto a sus motivaciones, la joven menciona que la mayor recompensa de su trabajo como voluntaria ha sido las muestras de felicidad, satisfacción y agradecimiento de todos los niños, abuelos y adultos que ha llegado a ayudar.

 

Una de las cosas más dificiles es volver a casa y sentir como ha dado por sentadas muchas cosas que en otros países no existen. “Al regresar sentí que todo eso me avasallaba, que estábamos sobreexpuestos al marketing, que creemos que necesitamos todo lo que tenemos a nuestro alrededor, y no nos damos cuenta de que si no tuviéramos todas esas cosas, atenderíamos más a las personas. Creo que sentiríamos un poquito más cada momento que vivimos” detalló.

 

Al sentirse un poco abrumada, para Paula la mejor medicina es recordar uno de sus momentos más especiales en México: la presentación de la obra de teatro creada por las niñas y niños en la escuela de Chilcuahutla. Su mayor inspiración para continuar con su invaluable labor.

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