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El borroso destino de los MENA cuando llegan a la adultez

En España hay unos 7.145 Menores Extranjeros No Acompañados (MENA)   Desde el año 2017, el número de niños no […]

En España hay unos 7.145 Menores Extranjeros No Acompañados (MENA)

 

Desde el año 2017, el número de niños no tutelados que llegan a las costas españolas se ha triplicado. Actualmente Andalucía da cobijo al 36 % de los 7.145 Menores Extranjeros No Acompañados (MENA) que hay en toda España y en este momento se discute cómo será la distribución de estos chavales que cada día llegan a otras provincias que han colapsado, como es el caso de Cádiz, desde donde recientemente fueron trasladados 84 niños y 4 niñas marroquíes.

La situación ha provocado que exista saturación en los centros de protección y tutela, sin embargo, las leyes amparan a este sector de la población extranjera que en teoría debería contar con servicios básicos, educación y apoyo psicológico. Lo que muchos se preguntan es ¿Qué sucede con esos niños cuando cumplen la mayoría de edad? La respuesta toca la puerta de muchos jóvenes que hoy han quedado a la deriva en un país que no les brinda las oportunidades del mundo adulto. Excepto por las fundaciones que se dedican a darle esas opciones, como un piso para vivir.

Al año, al menos 500 MENA, tanto inmigrantes como españoles, cumplen la mayoría de edad y en el caso de los primeros, instantáneamente pasan a formar parte de un sistema complicado, lleno de trabas que no les permite integrarse a la sociedad, pues no cuentan con las herramientas básicas, como un permiso (que no les permite trabajar), el cual  es arrebatado al cumplir los 18 . “La desprotección empieza a los 18 años”, afirma Genoveva Pérez Mazuecos, técnico de Empleo y dinamizadora del equipo de jóvenes de Málaga Acoge.

La única posibilidad que tienen los MENA cuando se convierten en adultos es renovar el permiso por dos años más y solo les permite estudiar; además exige que la persona demuestre que tiene un medio de vida o residir en un piso tutelado. Este trámite está en manos de la Junta con el Programa + 18 para el que la comunidad autónoma de Andalucía cuenta con 29 centros para alojamiento de chicos mayores de 18 años, conocidos como recursos de alta intensidad. A eso se suman otros 12 recursos de media intensidad, centros diurnos de orientación sociolaboral. De los 1.775 jóvenes que se han beneficiado de ambos servicios en el año 2017, solo 286 lo hicieron en recursos de alta intensidad.

¿Qué sucede con el resto? Muchos pasan a vivir en las calles, buscando su suerte. Empiezan a viajar por el país, de provincia en provincia. En ocasiones encuentran cobijo en alguna organización como Voluntarios por otro Mundo (Jerez) que mantiene 25 plazas ocupadas con jóvenes en sus cuatro pisos. “El problema ya no es solo cómo están los menores acogidos sino qué es de ellos cuando cumplen los 18”, reconoce Michel Bustillo, responsable de la ONG jerezana.

Los jóvenes que viven en algunos de estos pisos afirman sentirse como estudiantes. Así lo describe Bustillo. “Esto es como un piso de estudiantes, ellos se encargan de todo con nuestra supervisión. Tienen un cuadrante para distribuirse las tareas”.

La oportunidad no les da todas las soluciones a los jóvenes, pero al menos sí los motiva a tomar un rumbo. Algunos han decidido ser cocineros, mecánicos o electricistas. Prefieren un oficio en vez de estudiar, pues es la manera más rápida de ayudar a su familia. “Demasiado tiempo, mis padres me están esperando. Quiero ser carnicero porque en España no hay muchos”, explica uno de los chicos que vive en la residencia al cuestionarse si quiere seguir los estudios de bachiller que comenzó en Marruecos. Y es que es sencillo desmotivar a que un joven estudie, cuando el Estado exige tanta documentación.

“El Harvard”

Quienes no encuentran refugios en una ONG como Voluntarios por otro Mundo, puede que terminen en “el Harvard”, una modalidad bautizada así por los chicos que acaban subsistiendo entre alberque para personas sin hogar y la calle. En Málaga, al dejar el centro de acogida, el joven inmigrante entra en la red de atención a Personas Sin Hogar, explica Pérez Mazuecos. Está integrada por varias entidades sociales y el Ayuntamiento y se conoce como Puerta Única.

La idea en estos albergues es que allí descansen mientras se tramita los documentación y el traslado a un piso permanente. Sin embargo, esto no es nada seguro. La mayoría tienen más certeza en seguir a la deriva y dormir una que otra noche en la calle.

 

Te podría interesar: ¿De quien es la culpa? Hoy España se desborda de migrantes, mayores y menores de edad no acompañados (MENA)

 

 “Los chicos pasan de estar en un sistema de protección a estar sin hogar, y cuanto más tiempo pasen en esa situación, mayor es el deterioro y la posibilidad de que puedan empezar a delinquir, a consumir, a prostituirse”, dice la técnico de Málaga Acoge.

La celeridad en la gestión de documentos para evitar que los niños pasen a la adultez en medio de esta incertidumbre es la solución, según Pérez Mazuecos. También que los extutelados migrantes que cumplan con un programa de formación puedan acogerse a la renta mínima de inserción, anunciada por la administración andaluza.

Son opciones viables que recaen en las manos de La Junta y las diferentes instituciones del Estado que se enfrentan cada día a mayores retos de cara a la crisis migratoria.

21 agosto, 2018

En España hay unos 7.145 Menores Extranjeros No Acompañados (MENA)

 

Desde el año 2017, el número de niños no tutelados que llegan a las costas españolas se ha triplicado. Actualmente Andalucía da cobijo al 36 % de los 7.145 Menores Extranjeros No Acompañados (MENA) que hay en toda España y en este momento se discute cómo será la distribución de estos chavales que cada día llegan a otras provincias que han colapsado, como es el caso de Cádiz, desde donde recientemente fueron trasladados 84 niños y 4 niñas marroquíes.

La situación ha provocado que exista saturación en los centros de protección y tutela, sin embargo, las leyes amparan a este sector de la población extranjera que en teoría debería contar con servicios básicos, educación y apoyo psicológico. Lo que muchos se preguntan es ¿Qué sucede con esos niños cuando cumplen la mayoría de edad? La respuesta toca la puerta de muchos jóvenes que hoy han quedado a la deriva en un país que no les brinda las oportunidades del mundo adulto. Excepto por las fundaciones que se dedican a darle esas opciones, como un piso para vivir.

Al año, al menos 500 MENA, tanto inmigrantes como españoles, cumplen la mayoría de edad y en el caso de los primeros, instantáneamente pasan a formar parte de un sistema complicado, lleno de trabas que no les permite integrarse a la sociedad, pues no cuentan con las herramientas básicas, como un permiso (que no les permite trabajar), el cual  es arrebatado al cumplir los 18 . “La desprotección empieza a los 18 años”, afirma Genoveva Pérez Mazuecos, técnico de Empleo y dinamizadora del equipo de jóvenes de Málaga Acoge.

La única posibilidad que tienen los MENA cuando se convierten en adultos es renovar el permiso por dos años más y solo les permite estudiar; además exige que la persona demuestre que tiene un medio de vida o residir en un piso tutelado. Este trámite está en manos de la Junta con el Programa + 18 para el que la comunidad autónoma de Andalucía cuenta con 29 centros para alojamiento de chicos mayores de 18 años, conocidos como recursos de alta intensidad. A eso se suman otros 12 recursos de media intensidad, centros diurnos de orientación sociolaboral. De los 1.775 jóvenes que se han beneficiado de ambos servicios en el año 2017, solo 286 lo hicieron en recursos de alta intensidad.

¿Qué sucede con el resto? Muchos pasan a vivir en las calles, buscando su suerte. Empiezan a viajar por el país, de provincia en provincia. En ocasiones encuentran cobijo en alguna organización como Voluntarios por otro Mundo (Jerez) que mantiene 25 plazas ocupadas con jóvenes en sus cuatro pisos. “El problema ya no es solo cómo están los menores acogidos sino qué es de ellos cuando cumplen los 18”, reconoce Michel Bustillo, responsable de la ONG jerezana.

Los jóvenes que viven en algunos de estos pisos afirman sentirse como estudiantes. Así lo describe Bustillo. “Esto es como un piso de estudiantes, ellos se encargan de todo con nuestra supervisión. Tienen un cuadrante para distribuirse las tareas”.

La oportunidad no les da todas las soluciones a los jóvenes, pero al menos sí los motiva a tomar un rumbo. Algunos han decidido ser cocineros, mecánicos o electricistas. Prefieren un oficio en vez de estudiar, pues es la manera más rápida de ayudar a su familia. “Demasiado tiempo, mis padres me están esperando. Quiero ser carnicero porque en España no hay muchos”, explica uno de los chicos que vive en la residencia al cuestionarse si quiere seguir los estudios de bachiller que comenzó en Marruecos. Y es que es sencillo desmotivar a que un joven estudie, cuando el Estado exige tanta documentación.

“El Harvard”

Quienes no encuentran refugios en una ONG como Voluntarios por otro Mundo, puede que terminen en “el Harvard”, una modalidad bautizada así por los chicos que acaban subsistiendo entre alberque para personas sin hogar y la calle. En Málaga, al dejar el centro de acogida, el joven inmigrante entra en la red de atención a Personas Sin Hogar, explica Pérez Mazuecos. Está integrada por varias entidades sociales y el Ayuntamiento y se conoce como Puerta Única.

La idea en estos albergues es que allí descansen mientras se tramita los documentación y el traslado a un piso permanente. Sin embargo, esto no es nada seguro. La mayoría tienen más certeza en seguir a la deriva y dormir una que otra noche en la calle.

 

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 “Los chicos pasan de estar en un sistema de protección a estar sin hogar, y cuanto más tiempo pasen en esa situación, mayor es el deterioro y la posibilidad de que puedan empezar a delinquir, a consumir, a prostituirse”, dice la técnico de Málaga Acoge.

La celeridad en la gestión de documentos para evitar que los niños pasen a la adultez en medio de esta incertidumbre es la solución, según Pérez Mazuecos. También que los extutelados migrantes que cumplan con un programa de formación puedan acogerse a la renta mínima de inserción, anunciada por la administración andaluza.

Son opciones viables que recaen en las manos de La Junta y las diferentes instituciones del Estado que se enfrentan cada día a mayores retos de cara a la crisis migratoria.

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