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La increíble historia de cómo el ajedrez salva vidas en Uganda

El ajedrez se ha convertido en un juego para salvar vidas     El ajedrez, es uno de los juegos […]

El ajedrez se ha convertido en un juego para salvar vidas

 

 

El ajedrez, es uno de los juegos de mesa más famosos del mundo y requiere una concentración muy amplia y una estrategia que se desarrolla con los años. Pero lo más importante es la pasión, el ingrediente que le aplican cada día los niños de Katwe, una pequeña comunidad de Kampala, la capital de Uganda, un país donde las buenas noticias no abundan. Allí nació PhionaMutesi, la reina del ajedrez, una muestra de lo que ha logrado el movimiento Kasparov en la zona.

 

En Katwe es un lujo comer una vez al día y enfermar de VIH o malaria es lo más común. La esperanza es lo único que puede mantenerse y es la intención quienes se sientan frente al tablero monocromático a jugar una partida. Mantener la esperanza de salir de Kampala y una vida de miseria. Así lo logró Robert Katende, un misionero ugandés, que habla del juego como una metáfora de vida. Asegura que a diario se vive una partida de ajedrez cuando se toman decisiones y se miden las posibilidades, por eso se les ha hecho tan fácil aprender cómo jugar. Él encontró en este hábito una forma de escapar de tantos problemas gracias al movimiento Kasparov.

 

Katende fue quien vió nacer a la reina de Katwe, una mañana en la iglesia, cuando al menos 40 chicos se quedaron perplejos frente al tablero de ajedrez, y aunque no sabían su nombre en lengua materna, no fue una limitación para PhionaMutesi de 9 años, que solo sentía curiosidad y ganas de aprender. Katende hizo que se acercara y sin miedo comenzara a ver de qué se trataba. Al menos 50 partidas se tomó la pequeña para aprender a mover los peones, las torres, el rey y la reina.

 

Tanta práctica dio sus frutos cuado Phiona ganó contra otra chica que la había humillado con un mate en cuatro movimientos. Lo que aquella joven ignoraba era que su oponente se encargó de preguntarle a su maestro Katende, cómo defenderse. Un año después Phiona no tenía rival con capacidades suficientes para hacerla perder.

 

Pero el camino solo comenzaba. Con tan solo 11 años Phiona se convirtió en la mejor jugadora junior de ajedrez en toda Uganda. Así fue durante tres años. En el año 2009 fue a Sudán en compañía de otros dos chicos para participar en un torneo. Además de jugar ajedrez la pequeña pudo elegir qué comer por primera vez en su vida. Al final del campeonato los muchachos de Katwe fueron declarados campeones absolutos. Al mismo tiempo conocieron otra realidad, descubrieron que en mundo hay algo más que hambre, desalojos forzosos y enfermedades.

 

La ya adolescente Phiona llegó a Rusia. Por primera vez en el año 2010 envió a Siberia un equipo de mujeres a competir en un mundial. La pequeña ugandesa derrotó a Dina Kagramov, una canadiense que le doblaba la edad. También derrotó a la taiwanesa Lin Yu-Tong.

 

Dos años más tarde en Estambul, Phiona se convirtió en la primera mujer de su país en ser merecedora del título Woman Candidate Master de la Federación Internacional de Ajedrez.

 

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Inspiración mundial

Lo que quizás nunca se imaginó Phiona ni los miembros del movimiento Kasparov eran las repercusiones que tendría descubrir una pasión oculta por un juego extraño en Uganda. La pequeña llegó a convertirse en la motivación de una película llamada La Reina de Katwe, dirigida por Mira Nair y producida por Disney. Salió al público en el año 2016 y aunque su nombre no era Phiona sino Madina Nalwanga, la historia se reflejó tal cual sucedió. Un filme radical para Disney, a juicio de su directora.

 

Además de llegar a la pantalla grande, la historia de Phiona ha tocado la mente y el corazón de cada niño en el barrio de Katwe, donde ven el ajedrez y a la fundación Kasparov como una oportunidad para obtener un plato de comida, pero también de salir y convertirse en alguien más que una cifra en los altos índices de mortalidad, prostitución, matrimonios prematuros y pobreza que reinan en esta zona de Uganda. Que al final del día conozcan la oportunidad de romper con el ciclo de pobreza del que han sido víctimas decenas de generaciones.

 

 

19 mayo, 2018
El ajedrez se ha convertido en un juego para salvar vidas

 

 

El ajedrez, es uno de los juegos de mesa más famosos del mundo y requiere una concentración muy amplia y una estrategia que se desarrolla con los años. Pero lo más importante es la pasión, el ingrediente que le aplican cada día los niños de Katwe, una pequeña comunidad de Kampala, la capital de Uganda, un país donde las buenas noticias no abundan. Allí nació PhionaMutesi, la reina del ajedrez, una muestra de lo que ha logrado el movimiento Kasparov en la zona.

 

En Katwe es un lujo comer una vez al día y enfermar de VIH o malaria es lo más común. La esperanza es lo único que puede mantenerse y es la intención quienes se sientan frente al tablero monocromático a jugar una partida. Mantener la esperanza de salir de Kampala y una vida de miseria. Así lo logró Robert Katende, un misionero ugandés, que habla del juego como una metáfora de vida. Asegura que a diario se vive una partida de ajedrez cuando se toman decisiones y se miden las posibilidades, por eso se les ha hecho tan fácil aprender cómo jugar. Él encontró en este hábito una forma de escapar de tantos problemas gracias al movimiento Kasparov.

 

Katende fue quien vió nacer a la reina de Katwe, una mañana en la iglesia, cuando al menos 40 chicos se quedaron perplejos frente al tablero de ajedrez, y aunque no sabían su nombre en lengua materna, no fue una limitación para PhionaMutesi de 9 años, que solo sentía curiosidad y ganas de aprender. Katende hizo que se acercara y sin miedo comenzara a ver de qué se trataba. Al menos 50 partidas se tomó la pequeña para aprender a mover los peones, las torres, el rey y la reina.

 

Tanta práctica dio sus frutos cuado Phiona ganó contra otra chica que la había humillado con un mate en cuatro movimientos. Lo que aquella joven ignoraba era que su oponente se encargó de preguntarle a su maestro Katende, cómo defenderse. Un año después Phiona no tenía rival con capacidades suficientes para hacerla perder.

 

Pero el camino solo comenzaba. Con tan solo 11 años Phiona se convirtió en la mejor jugadora junior de ajedrez en toda Uganda. Así fue durante tres años. En el año 2009 fue a Sudán en compañía de otros dos chicos para participar en un torneo. Además de jugar ajedrez la pequeña pudo elegir qué comer por primera vez en su vida. Al final del campeonato los muchachos de Katwe fueron declarados campeones absolutos. Al mismo tiempo conocieron otra realidad, descubrieron que en mundo hay algo más que hambre, desalojos forzosos y enfermedades.

 

La ya adolescente Phiona llegó a Rusia. Por primera vez en el año 2010 envió a Siberia un equipo de mujeres a competir en un mundial. La pequeña ugandesa derrotó a Dina Kagramov, una canadiense que le doblaba la edad. También derrotó a la taiwanesa Lin Yu-Tong.

 

Dos años más tarde en Estambul, Phiona se convirtió en la primera mujer de su país en ser merecedora del título Woman Candidate Master de la Federación Internacional de Ajedrez.

 

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Inspiración mundial

Lo que quizás nunca se imaginó Phiona ni los miembros del movimiento Kasparov eran las repercusiones que tendría descubrir una pasión oculta por un juego extraño en Uganda. La pequeña llegó a convertirse en la motivación de una película llamada La Reina de Katwe, dirigida por Mira Nair y producida por Disney. Salió al público en el año 2016 y aunque su nombre no era Phiona sino Madina Nalwanga, la historia se reflejó tal cual sucedió. Un filme radical para Disney, a juicio de su directora.

 

Además de llegar a la pantalla grande, la historia de Phiona ha tocado la mente y el corazón de cada niño en el barrio de Katwe, donde ven el ajedrez y a la fundación Kasparov como una oportunidad para obtener un plato de comida, pero también de salir y convertirse en alguien más que una cifra en los altos índices de mortalidad, prostitución, matrimonios prematuros y pobreza que reinan en esta zona de Uganda. Que al final del día conozcan la oportunidad de romper con el ciclo de pobreza del que han sido víctimas decenas de generaciones.

 

 

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