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En Etiopía, vivir es un riesgo desde el nacimiento

En las naciones pobres, cada año 2,6 millones de recién nacidos mueren cuando no han llegado al mes de vida […]

En las naciones pobres, cada año 2,6 millones de recién nacidos mueren cuando no han llegado al mes de vida

 

Nacer en Etiopía, un país de áfrica Oriental, puede significar un gran riesgo debido a la falta de buenos servicios sanitarios, comida y agua potables. Las malas condiciones afectan la salud de los recién nacidos, quienes pueden morir a tan solo 24 horas de haber nacido. Para hacer frente a esta situación, el Estado ha lanzado en los últimos años una una cruzada contra la mortalidad infantil y en especial contra los fallecimientos de menores de 28 días de vida y los partos en el hogar. Aunque el Estado africano ­sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para dar a luz, del año 2000 al 2016 ha reducido, según estadísticas gubernamentales, un 50% las muertes ­neonatales.

 

La muerte de un bebé no solo representa un hecho lamentable para la vida del pequeño, sino para las madres, quienes se frustran intentando mantener a la criatura con vida. Así ha pasado con Nura Mursal, que actualmente tiene 30 años, pero la vida la golpeó muy joven, cuando apenas tenía 19 y le tocó despedir a su primer hijo cuando tenía solo horas de haber nacido. Después de la pérdida siguió intentando y hoy en día tiene 6 hijos. Uno de ellos murió a los dos años y dos meses por una infección en el estómago.

 

En las naciones pobres, cada año 2,6 millones de recién nacidos mueren cuando no han llegado al mes de vida. El 80% de los 7.000 bebés muertos cada día se produce por causas evitables como partos prematuros, complicaciones durante el nacimiento o infecciones.

 

No obstante, la realidad ha cambiado de manera lenta, pero segura, la disminución de muertes entre niños de un mes a cinco años es aún mayor: en tres décadas han pasado de 205 muertes de cada 1.000 nacimientos a 67; dos tercios menos. Tanto en Etiopía como en el ámbito internacional las muertes de bebés menores de 28 días no se han reducido tan rápido por una cuestión práctica: la solución no pasa por una simple vacuna o una pastilla sino por una mejora general del sistema sanitario de cada país y una red de atención accesible y de calidad para las mujeres embarazadas. Es necesaria la planificación, un interés gubernamental sostenido y recursos.

 

Cambio de estilo de vida

En los últimos 10 años, Etiopía ha creado una red sanitaria integrada por ambulatorios en las aldeas, centros sanitarios de tratamiento intermedio en poblaciones algo más grandes y hospitales primarios o especializados en las ciudades principales.

 

La asistencia durante el parto y post parto es asistida con una inversión de unos 100 Birr (tres euros). Unicef, que también da formación a enfermeros y especialistas, además de coordinar grupos que informan a las futuras madres en las aldeas.

 

Con esto se busca generar confianza en las madres y evitar el riesgo de los partos en casa. Sin duda alguna la prioridad es crear un sistema de salud con calidad.

 

Te podría interesar: Las hostilidades aumentan la crisis alimentaria en Sudán del Sur

 

Responsable del programa de salud de Unicef,Hiwot Kiflom,asegura que eliminar el pago por la visita ha derrocado una muro para algunas familias incapaces de afrontar ese gasto, pero quedan otros. “La barrera financiera es una de las razones de tantos partos en el hogar, también lo son los centros colapsados, con pocas camas y enfermeros para decenas de madres, o la falta de transporte para ir al centro de salud o las tradiciones familiares” insiste.

 

El hecho es que en Etiopía es una costumbre visitar a la madre luego del parte, compartir, celebrar y tomar café. Al observar que algunas mujeres no iban al hospital a parir por la presión familiar, algunos centros de salud se han adaptado y permiten a los familiares dar una bienvenida con aroma cafetero en el mismo edificio sin cobrarles.

 

Otros no acuden al hospital por miedo. Muchas familias tienen las costumbre de haber nacido en casa generación tras generación, por lo que ir a un centro de salud representa un miedo. Un paradigma que esperan romper progresimente las autoridades.

 

 

 

26 mayo, 2018
En las naciones pobres, cada año 2,6 millones de recién nacidos mueren cuando no han llegado al mes de vida

 

Nacer en Etiopía, un país de áfrica Oriental, puede significar un gran riesgo debido a la falta de buenos servicios sanitarios, comida y agua potables. Las malas condiciones afectan la salud de los recién nacidos, quienes pueden morir a tan solo 24 horas de haber nacido. Para hacer frente a esta situación, el Estado ha lanzado en los últimos años una una cruzada contra la mortalidad infantil y en especial contra los fallecimientos de menores de 28 días de vida y los partos en el hogar. Aunque el Estado africano ­sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para dar a luz, del año 2000 al 2016 ha reducido, según estadísticas gubernamentales, un 50% las muertes ­neonatales.

 

La muerte de un bebé no solo representa un hecho lamentable para la vida del pequeño, sino para las madres, quienes se frustran intentando mantener a la criatura con vida. Así ha pasado con Nura Mursal, que actualmente tiene 30 años, pero la vida la golpeó muy joven, cuando apenas tenía 19 y le tocó despedir a su primer hijo cuando tenía solo horas de haber nacido. Después de la pérdida siguió intentando y hoy en día tiene 6 hijos. Uno de ellos murió a los dos años y dos meses por una infección en el estómago.

 

En las naciones pobres, cada año 2,6 millones de recién nacidos mueren cuando no han llegado al mes de vida. El 80% de los 7.000 bebés muertos cada día se produce por causas evitables como partos prematuros, complicaciones durante el nacimiento o infecciones.

 

No obstante, la realidad ha cambiado de manera lenta, pero segura, la disminución de muertes entre niños de un mes a cinco años es aún mayor: en tres décadas han pasado de 205 muertes de cada 1.000 nacimientos a 67; dos tercios menos. Tanto en Etiopía como en el ámbito internacional las muertes de bebés menores de 28 días no se han reducido tan rápido por una cuestión práctica: la solución no pasa por una simple vacuna o una pastilla sino por una mejora general del sistema sanitario de cada país y una red de atención accesible y de calidad para las mujeres embarazadas. Es necesaria la planificación, un interés gubernamental sostenido y recursos.

 

Cambio de estilo de vida

En los últimos 10 años, Etiopía ha creado una red sanitaria integrada por ambulatorios en las aldeas, centros sanitarios de tratamiento intermedio en poblaciones algo más grandes y hospitales primarios o especializados en las ciudades principales.

 

La asistencia durante el parto y post parto es asistida con una inversión de unos 100 Birr (tres euros). Unicef, que también da formación a enfermeros y especialistas, además de coordinar grupos que informan a las futuras madres en las aldeas.

 

Con esto se busca generar confianza en las madres y evitar el riesgo de los partos en casa. Sin duda alguna la prioridad es crear un sistema de salud con calidad.

 

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Responsable del programa de salud de Unicef,Hiwot Kiflom,asegura que eliminar el pago por la visita ha derrocado una muro para algunas familias incapaces de afrontar ese gasto, pero quedan otros. “La barrera financiera es una de las razones de tantos partos en el hogar, también lo son los centros colapsados, con pocas camas y enfermeros para decenas de madres, o la falta de transporte para ir al centro de salud o las tradiciones familiares” insiste.

 

El hecho es que en Etiopía es una costumbre visitar a la madre luego del parte, compartir, celebrar y tomar café. Al observar que algunas mujeres no iban al hospital a parir por la presión familiar, algunos centros de salud se han adaptado y permiten a los familiares dar una bienvenida con aroma cafetero en el mismo edificio sin cobrarles.

 

Otros no acuden al hospital por miedo. Muchas familias tienen las costumbre de haber nacido en casa generación tras generación, por lo que ir a un centro de salud representa un miedo. Un paradigma que esperan romper progresimente las autoridades.

 

 

 

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