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La corriente del Golfo registra su menor velocidad en 1.000 años

La corriente del Golfo se ha vuelto mucho más lenta durante los últimos 150 años. La Corriente del Golfo, el […]

La corriente del Golfo se ha vuelto mucho más lenta durante los últimos 150 años.

La Corriente del Golfo, el sistema oceánico que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México hacia el Atlántico Norte, se ha vuelto mucho más lento durante los últimos 150 años y registra su menor velocidad en 1.000 años, según reseña un estudio publicado por la revista Nature, el pasado 11 de abril del presente año.

Científicos liderados por el investigador David Thornalley, del University College de Londres, han descubierto que este ciclo se ha ralentizado, posiblemente debido a los hielos del ártico y a los mares nórdicos que se derriten y están añadiendo más agua dulce al ciclo. El flujo se ha reducido en un 15% en 1.000 años.

El estudio explica, que esta corriente funciona como una banda transportadora que comienza su trayecto en el golfo de México y el mar Caribe, donde sus aguas cálidas van hacia el norte, volviéndose más frías hasta llegar a Europa Occidental, y a su vez, se encuentran con las aguas frías de mares como el de Barents y Groenlandia.

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Este flujo constante forma la llamada Circulación Atlántica Meridional de Retorno (CAMR), que resulta fundamental para regular el clima en el planeta, pues redistribuye el calor e influye en los ciclos de carbono.

Los investigadores aseguran que cuando esto ocurre, el sistema se descontrola y eso podría tener efectos como enfriar las aguas del Atlántico Norte, transformar algunos ecosistemas de aguas profundas o afectar a especies sensibles a la temperatura, como los corales o los bacalaos, por ejemplo.

Murray Roberts, biólogo marino de la Universidad de Edimburgo, declara a BBC que los cambios que se viven en las corrientes profundas del Atlántico, podrían tener grandes efectos en los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, explica que el Atlántico profundo contiene algunos de los más antiguos arrecifes de corales y estos delicados ecosistemas dependen de las corrientes oceánicas para obtener su alimento y dispersar sus crías.

Los científicos coinciden en que es necesario continuar estudiando cómo se comporta la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (CAMR) para entender si el deshielo podría provocar una mayor desaceleración de este sistema del que depende el equilibrio en el planeta.

17 abril, 2018
La corriente del Golfo se ha vuelto mucho más lenta durante los últimos 150 años.

La Corriente del Golfo, el sistema oceánico que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México hacia el Atlántico Norte, se ha vuelto mucho más lento durante los últimos 150 años y registra su menor velocidad en 1.000 años, según reseña un estudio publicado por la revista Nature, el pasado 11 de abril del presente año.

Científicos liderados por el investigador David Thornalley, del University College de Londres, han descubierto que este ciclo se ha ralentizado, posiblemente debido a los hielos del ártico y a los mares nórdicos que se derriten y están añadiendo más agua dulce al ciclo. El flujo se ha reducido en un 15% en 1.000 años.

El estudio explica, que esta corriente funciona como una banda transportadora que comienza su trayecto en el golfo de México y el mar Caribe, donde sus aguas cálidas van hacia el norte, volviéndose más frías hasta llegar a Europa Occidental, y a su vez, se encuentran con las aguas frías de mares como el de Barents y Groenlandia.

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Este flujo constante forma la llamada Circulación Atlántica Meridional de Retorno (CAMR), que resulta fundamental para regular el clima en el planeta, pues redistribuye el calor e influye en los ciclos de carbono.

Los investigadores aseguran que cuando esto ocurre, el sistema se descontrola y eso podría tener efectos como enfriar las aguas del Atlántico Norte, transformar algunos ecosistemas de aguas profundas o afectar a especies sensibles a la temperatura, como los corales o los bacalaos, por ejemplo.

Murray Roberts, biólogo marino de la Universidad de Edimburgo, declara a BBC que los cambios que se viven en las corrientes profundas del Atlántico, podrían tener grandes efectos en los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, explica que el Atlántico profundo contiene algunos de los más antiguos arrecifes de corales y estos delicados ecosistemas dependen de las corrientes oceánicas para obtener su alimento y dispersar sus crías.

Los científicos coinciden en que es necesario continuar estudiando cómo se comporta la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (CAMR) para entender si el deshielo podría provocar una mayor desaceleración de este sistema del que depende el equilibrio en el planeta.

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