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La inconsciencia humana sobrepasa el cerco de las zonas protegidas en el mundo

Las denominadas zonas protegidas deberían estar libres de acciones humanas que las dañen   Alrededor del mundo hay zonas protegidas […]

Las denominadas zonas protegidas deberían estar libres de acciones humanas que las dañen

 

Alrededor del mundo hay zonas protegidas declaradas por los gobiernos. Esta política se estableció hace 146 años, cuando se hizo la primera declaración al noroeste de Estados Unidos. Sin embargo, tras más de un siglo, el ser humano ha olvidado el verdadero significado de esas dos palabras que acabaron siendo solo una denominación. Las industrias, actividades humanas ilegales y contaminación están llegando justo a donde no deberían y acaban por destruir gradualmente la biodiversidad. Así lo ha concluido un reciente estudio publicado en la revista Science.

Actualmente, hay más de 200.000 reservas naturales. En total son más de 20 millones de kilómetros cuadrados o casi un tercio de la superficie terrestre con régimen de protección especial. En teoría las especies de plantas y animales que existen en estas zonas no deberían extinguirse. La intención es que bosques, selvas, campos, reservas de agua, minerales, entre otros, permanezcan intactos para generaciones futuras.

Sin embargo, el estudio ha revelado que unos seis millones de kilómetros cuadrados de las zonas protegidas alrededor del mundo son afectados por las acciones humanas. Construcciones ferroviarias, fabricas, localidades y ciudades enteras que se sitúan demasiado cerca de zonas delicadas por naturaleza.

A través de una medición a la huella humana, los investigadores han deducido el alcance de actividades como la construcción, la agricultura intensiva, los pastos, la densidad de población, la iluminación nocturna, las carreteras, las líneas de ferrocarril y los canales fluviales.

Tras un exhaustivo análisis, determinaron que al menos el 50 % de las zonas protegidas en casi tres cuartas partes de los países sienten la presión humana a través de esas acciones. Europa occidental y el sur de Asia sufren las mayores consecuencias, pues menos de la mitad de las zonas protegidas están libres de las manos humanas.

Más modernidad y menos vida

Los daños a las zonas protegidas van acompañados de un modelo renovado de la civilización. Mejores carreteras, más transporte público, comercios y más empresas que en teoría generan más empleo. Pero ¿A costa de qué?

Se ha comprobado que compañías internacionales han construido (fuera de la ley) infraestructuras masivas muy cerca de las zonas protegidas. Ejemplo de ello es la línea de ferrocarril entre los Parques nacionales Tsavo Oriental y Tsavo Occidental en Kenia, que ha afectado gravemente la vida del rinoceronte negro oriental; una especie en peligro de extinción e incluso han afectado las melenas de los leones. Lo más preocupante es que pretenden agrandar las líneas de ferrocarril; el proyecto justo en este momento está creciendo.

En América sucede lo mismo en Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia y el Parque Estadual Rio Negro Setor Sul en Brasil, donde las ciudades se están acercando cada vez más y los pobladores usan las maravillas naturales como atractivo turístico sin respetarlos por completo. Algo similar sucede en Yellowstone, la primera zona protegida declarada en el mundo, donde se construyen edificaciones destinadas al turismo.

En Australia, el Parque Nacional de Barrow Island, mamíferos como el ualabí liebre la rata canguro, el bandicut dorado y el ualabí de las rocas de flancos negros están en permanente peligro por los efectos de las construcciones destinadas a la explotació de gas y petróleo.

Te podría interesar: España establece la segunda área marina protegida más grande del Mediterráneo

El tigre de Sumatra por su parte, vive acechado por las actividades ilegales en su hábitat, el Parque naconal de Bukit Barisan Salatan que es patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco. A su odisea se unen el orangután y el rinoceronte. 15 % de su hogar la han convertido en plantaciones de café.

La incosciencia de los líderes mundiales

Aunque 111 naciones se han comprometido con el objetivo global de tener un 17 % de su zonas protegidas, de acuerdo al Plan Estratéfico para salvaguardar la Biodiversidad de acuerdo a las Naciones Unidas (ONU), hay 74 de esos 111 que no lo cumplen.

El discurso es contradictorio. Los líderes mundiales acuden a la ONU para comprometerse en mantener sus zonas vulnerables realmente protegidas, pero a su vez permiten que se desarrollen proyectos altamente negativos para la naturaleza. Problablemente no son los que hoy se sientan a firmar tratados, quienes vean los resultados de sus acciones, pero sí lo sufrirán sus nietos y próximas generaciones.

 

 

 

 

 

6 agosto, 2018

Las denominadas zonas protegidas deberían estar libres de acciones humanas que las dañen

 

Alrededor del mundo hay zonas protegidas declaradas por los gobiernos. Esta política se estableció hace 146 años, cuando se hizo la primera declaración al noroeste de Estados Unidos. Sin embargo, tras más de un siglo, el ser humano ha olvidado el verdadero significado de esas dos palabras que acabaron siendo solo una denominación. Las industrias, actividades humanas ilegales y contaminación están llegando justo a donde no deberían y acaban por destruir gradualmente la biodiversidad. Así lo ha concluido un reciente estudio publicado en la revista Science.

Actualmente, hay más de 200.000 reservas naturales. En total son más de 20 millones de kilómetros cuadrados o casi un tercio de la superficie terrestre con régimen de protección especial. En teoría las especies de plantas y animales que existen en estas zonas no deberían extinguirse. La intención es que bosques, selvas, campos, reservas de agua, minerales, entre otros, permanezcan intactos para generaciones futuras.

Sin embargo, el estudio ha revelado que unos seis millones de kilómetros cuadrados de las zonas protegidas alrededor del mundo son afectados por las acciones humanas. Construcciones ferroviarias, fabricas, localidades y ciudades enteras que se sitúan demasiado cerca de zonas delicadas por naturaleza.

A través de una medición a la huella humana, los investigadores han deducido el alcance de actividades como la construcción, la agricultura intensiva, los pastos, la densidad de población, la iluminación nocturna, las carreteras, las líneas de ferrocarril y los canales fluviales.

Tras un exhaustivo análisis, determinaron que al menos el 50 % de las zonas protegidas en casi tres cuartas partes de los países sienten la presión humana a través de esas acciones. Europa occidental y el sur de Asia sufren las mayores consecuencias, pues menos de la mitad de las zonas protegidas están libres de las manos humanas.

Más modernidad y menos vida

Los daños a las zonas protegidas van acompañados de un modelo renovado de la civilización. Mejores carreteras, más transporte público, comercios y más empresas que en teoría generan más empleo. Pero ¿A costa de qué?

Se ha comprobado que compañías internacionales han construido (fuera de la ley) infraestructuras masivas muy cerca de las zonas protegidas. Ejemplo de ello es la línea de ferrocarril entre los Parques nacionales Tsavo Oriental y Tsavo Occidental en Kenia, que ha afectado gravemente la vida del rinoceronte negro oriental; una especie en peligro de extinción e incluso han afectado las melenas de los leones. Lo más preocupante es que pretenden agrandar las líneas de ferrocarril; el proyecto justo en este momento está creciendo.

En América sucede lo mismo en Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia y el Parque Estadual Rio Negro Setor Sul en Brasil, donde las ciudades se están acercando cada vez más y los pobladores usan las maravillas naturales como atractivo turístico sin respetarlos por completo. Algo similar sucede en Yellowstone, la primera zona protegida declarada en el mundo, donde se construyen edificaciones destinadas al turismo.

En Australia, el Parque Nacional de Barrow Island, mamíferos como el ualabí liebre la rata canguro, el bandicut dorado y el ualabí de las rocas de flancos negros están en permanente peligro por los efectos de las construcciones destinadas a la explotació de gas y petróleo.

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El tigre de Sumatra por su parte, vive acechado por las actividades ilegales en su hábitat, el Parque naconal de Bukit Barisan Salatan que es patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco. A su odisea se unen el orangután y el rinoceronte. 15 % de su hogar la han convertido en plantaciones de café.

La incosciencia de los líderes mundiales

Aunque 111 naciones se han comprometido con el objetivo global de tener un 17 % de su zonas protegidas, de acuerdo al Plan Estratéfico para salvaguardar la Biodiversidad de acuerdo a las Naciones Unidas (ONU), hay 74 de esos 111 que no lo cumplen.

El discurso es contradictorio. Los líderes mundiales acuden a la ONU para comprometerse en mantener sus zonas vulnerables realmente protegidas, pero a su vez permiten que se desarrollen proyectos altamente negativos para la naturaleza. Problablemente no son los que hoy se sientan a firmar tratados, quienes vean los resultados de sus acciones, pero sí lo sufrirán sus nietos y próximas generaciones.

 

 

 

 

 

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