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La música como herramienta de inclusión en Kenia

Una estrella del reggae fundó una escuela de música para niños con discapacidad   Aunque las campañas a nivel global […]

Una estrella del reggae fundó una escuela de música para niños con discapacidad

 

Aunque las campañas a nivel global para lograr la inclusión de personas con discapacidad es amplia y hasta cierto punto agresiva, existen países dónde se discrimina a niños y adolescentes por su condición física. Su propia familia decide alejarlos en vez de brindarles una nueva oportunidad. En Kenia, tener una discapacidad es una condena para toda la vida. Sin embargo, hay quienes han encontrado en el arte una alternativa para salir del cascarón y conocer el mundo tal como lo hacen los demás.

En gran parte de las zonas rurales de Kenia, habita el 66 % de los más de cuatro millones de personas con diversidad funcional que se calcula hay en el país. Se trata de niños, niñas, adolescentes y adultos que por no poseer las mismas características físicas de los demás y vivir alejados de la ciudad, no tienen la posibilidad de avanzar.

“Las personas con discapacidad son el grupo más desfavorecido y marginando, los que más discriminación sufren en todos los niveles de la sociedad: una compleja red de problemas económicos y sociales, incluida la desigualdad de género, crean barreras educativas, sociales y económicas. Por tanto, un número desproporcionado de niños y adultos con necesidades especiales no pueden acceder a una educación adecuada y son analfabetos”. Así lo afirma un informe del propio Gobierno keniano, consciente de la situación.

La educación, uno de los derechos fundamentales es el que menos se cumple en estos casos. De los más de 750.000 jóvenes con discapacidad en edad escolar, solo 45.000 (el 6%) están escolarizados y apenas el 2% inscritos en programas adaptados a sus necesidades. Lo que quiere decir que alrededor del 90 % de los menores con discapacidad o bien permanecen sin educación o asisten a centros sin discapacidad.

“Las familias se sienten estigmatizadas y tienen miedo de mostrar al crío en público”, señalan los expertos gubernamentales.

El problema de que estos pequeños asistan a centros hechos para niños con condiciones “normales” es que no cuentan con especialistas en el área. Entre el profesorado, solo el 1% ha recibido formación para atender a alumnos con necesidades especiales múltiples.

A pesar de los grandes esfuerzos por mejorar, con la puesta en marcha en 2003 de la educación primaria gratuita, los menores con diversidad funcional siguen siendo un colectivo olvidado. Hay poco más de un centenar de escuelas especializadas y algo más de 1.300 unidades adaptadas en los centros públicos. La mayoría carecen de instlaciones y equipamientos adecuados.

Esto provoca la casi inevitable diserción de los alumnos. Apenas el 19 % de los estudiantes con discapacidad termina la formación secundaria.

En este sentido, el ejecutivo de Uhuru Kenyatta, ha tratado de frenar esta deriva aumentando las ayudas a los padres que matriculen a sus hijos con discapacidad hasta los 2.040 chelines (23 dólares) mensuales. Este dinero, arguyen las familias, apenas alcanza para hacer frente a los gastos de transporte. “Las personas con discapacidad, especialmente los niños, viven en entornos hostiles donde su seguridad está comprometida y su futuro en peligro. Permanecen marginados y sin oportunidad de avanzar, sin voz a consecuencia de los prejuicios, la violencia y el abuso social”, concluye el informe gubernamental.

La discapacidad no es incapacidad

En Kabondo, Baba Gurston, decidió parar este ciclo que acaba con el futuro de Kenia. Tras convertirse en una estrella del Reggae formó una escuela en la que de 83 alumnos, 15 tienen una discapacidad.

“La gente cree que la gente con discapacidad no tiene talentos, pero no es cierto, sí los tiene”, señala Gurston. Él, el chico que hasta los diez años no podía ni caminar, es hoy el mayor exponente de lo que se puede lograr derribando las barreras de los estereotipos. 

Te podría interesar: Una joven Keniana lucha contra la supresión con su ONG

A solo un año de su fundación, la escuela en la que todo se aprende a través de la música ha conseguido mucho. Esperan dentro de poco ampliar las clases, conseguir una furgoneta con la que recoger a los pequeños que viven más lejos y fondos para poder poner en marcha un comedor. El camino es largo, pero el comienzo, que algunas veces es lo más dificil, ya fue superado.

29 julio, 2018

Una estrella del reggae fundó una escuela de música para niños con discapacidad

 

Aunque las campañas a nivel global para lograr la inclusión de personas con discapacidad es amplia y hasta cierto punto agresiva, existen países dónde se discrimina a niños y adolescentes por su condición física. Su propia familia decide alejarlos en vez de brindarles una nueva oportunidad. En Kenia, tener una discapacidad es una condena para toda la vida. Sin embargo, hay quienes han encontrado en el arte una alternativa para salir del cascarón y conocer el mundo tal como lo hacen los demás.

En gran parte de las zonas rurales de Kenia, habita el 66 % de los más de cuatro millones de personas con diversidad funcional que se calcula hay en el país. Se trata de niños, niñas, adolescentes y adultos que por no poseer las mismas características físicas de los demás y vivir alejados de la ciudad, no tienen la posibilidad de avanzar.

“Las personas con discapacidad son el grupo más desfavorecido y marginando, los que más discriminación sufren en todos los niveles de la sociedad: una compleja red de problemas económicos y sociales, incluida la desigualdad de género, crean barreras educativas, sociales y económicas. Por tanto, un número desproporcionado de niños y adultos con necesidades especiales no pueden acceder a una educación adecuada y son analfabetos”. Así lo afirma un informe del propio Gobierno keniano, consciente de la situación.

La educación, uno de los derechos fundamentales es el que menos se cumple en estos casos. De los más de 750.000 jóvenes con discapacidad en edad escolar, solo 45.000 (el 6%) están escolarizados y apenas el 2% inscritos en programas adaptados a sus necesidades. Lo que quiere decir que alrededor del 90 % de los menores con discapacidad o bien permanecen sin educación o asisten a centros sin discapacidad.

“Las familias se sienten estigmatizadas y tienen miedo de mostrar al crío en público”, señalan los expertos gubernamentales.

El problema de que estos pequeños asistan a centros hechos para niños con condiciones “normales” es que no cuentan con especialistas en el área. Entre el profesorado, solo el 1% ha recibido formación para atender a alumnos con necesidades especiales múltiples.

A pesar de los grandes esfuerzos por mejorar, con la puesta en marcha en 2003 de la educación primaria gratuita, los menores con diversidad funcional siguen siendo un colectivo olvidado. Hay poco más de un centenar de escuelas especializadas y algo más de 1.300 unidades adaptadas en los centros públicos. La mayoría carecen de instlaciones y equipamientos adecuados.

Esto provoca la casi inevitable diserción de los alumnos. Apenas el 19 % de los estudiantes con discapacidad termina la formación secundaria.

En este sentido, el ejecutivo de Uhuru Kenyatta, ha tratado de frenar esta deriva aumentando las ayudas a los padres que matriculen a sus hijos con discapacidad hasta los 2.040 chelines (23 dólares) mensuales. Este dinero, arguyen las familias, apenas alcanza para hacer frente a los gastos de transporte. “Las personas con discapacidad, especialmente los niños, viven en entornos hostiles donde su seguridad está comprometida y su futuro en peligro. Permanecen marginados y sin oportunidad de avanzar, sin voz a consecuencia de los prejuicios, la violencia y el abuso social”, concluye el informe gubernamental.

La discapacidad no es incapacidad

En Kabondo, Baba Gurston, decidió parar este ciclo que acaba con el futuro de Kenia. Tras convertirse en una estrella del Reggae formó una escuela en la que de 83 alumnos, 15 tienen una discapacidad.

“La gente cree que la gente con discapacidad no tiene talentos, pero no es cierto, sí los tiene”, señala Gurston. Él, el chico que hasta los diez años no podía ni caminar, es hoy el mayor exponente de lo que se puede lograr derribando las barreras de los estereotipos. 

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A solo un año de su fundación, la escuela en la que todo se aprende a través de la música ha conseguido mucho. Esperan dentro de poco ampliar las clases, conseguir una furgoneta con la que recoger a los pequeños que viven más lejos y fondos para poder poner en marcha un comedor. El camino es largo, pero el comienzo, que algunas veces es lo más dificil, ya fue superado.

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