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La VI Campaña de Recogida de Alimentos consigue más de 21.500 kilos

Gracias a esta colecta, se estima que unas 8.000 ONG podrán alimentar a miles de personas necesitadas. No se ha […]

Gracias a esta colecta, se estima que unas 8.000 ONG podrán alimentar a miles de personas necesitadas.

No se ha llegado al récord de donaciones que buscaban, 22 millones de kilos de comida en los 11.000 puntos de recogida diseminados por todo el país, pero desde la Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal) están satisfechos del nivel de solidaridad probado en España por sexto año consecutivo. Esta recogida nacional de alimentos y ha superado las 21.000 toneladas de 2017 y permitirá que en plena Navidad nadie se quedará sin una comida caliente.

En la Federación comentan el «cambio de tendencia» observado este año –con la colecta llevada a cabo el 30 de noviembre, 1 de diciembre y el 2; un giro que suscriben algunos de los 120.000 voluntarios que han participado en la campaña, también de modo altruista, organizados en turnos de 4 horas y dedicando su tiempo libre. La tendencia ha cambiado y «la gente ha dejado de dar un kilo de lentejas o pasta, y se han dado bolsas enteras», dicen. Es fácilmente deducible que ha caído el número de personas que se han acercado a un puesto acoplado a «pie de súper», pero quien ha donado lo ha hecho en mayor cantidad.

Este año se han pedido conservas, aceite y alimentos infantiles. Un tarro de leche de crecimiento cuesta de 8,95 a 15 euros. Pañales, cereales y potitos destinados a los más pequeños han abundado esta edición. «No son productos baratos –comenta Fesbal– y hacían mucha falta».

La imagen de una pequeña empujando un carro entero, lleno de comida con una bolsita preparada para depositarla en la caja habilitada en el puerta del supermercado se ha repetido este fin de semana por toda EspañaLos valores, sean católicos o no, de miles de españoles hacen cola en alguno de estos puntos.

La cadena de alimentación comienza ahí, en los grandes cajones de cartón, que al final de la jornada los propios establecimientos se encargan de trasladar en palés. Antes, han sustituido los productos perecederos que se han donado. Las cajas, rellenas de bolsas con seis kilos de comida cada una, se llevan a los 55 bancos de alimentos de España y de aquí, se reparten a las 8.000 ONG, comedores sociales y ayuntamientos que dan comida a necesitados. Empresas de transporte, cooperativas y fundaciones hacen sus donaciones con apoyos corporativos, no olvidan desde Fesbal. Algunas entidades lo hacen «en especie». Decenas de chavales con discapacidad dan el relevo del voluntariado y demuestran que han nacido para esto. Informan al potencial donante y cogen con ganas la entrega. Un adulto les asesora. Mantienen viva la llama.

Una responsable de Cáritas nos cuenta que con esta ofrenda desinteresada, flanqueada por fechas exponentes del consumismo masivo, son capaces de alimentar a personas vulnerables el resto del año. «El drama es que el 80% de quienes demandan ayuda son trabajadores con niños; no indigentes ni parados en su mayoría».

Escucha un hombre vegano y hace una «propuesta» llamativa: «No sé qué come la gente con una dieta normal. Os doy un carro y lo llenáis con 50 euros. Este año que puedo… Uno nunca sabe cuándo le va a tocar a él. O cuando no podrá aportar nada».

4 diciembre, 2018

Gracias a esta colecta, se estima que unas 8.000 ONG podrán alimentar a miles de personas necesitadas.

No se ha llegado al récord de donaciones que buscaban, 22 millones de kilos de comida en los 11.000 puntos de recogida diseminados por todo el país, pero desde la Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal) están satisfechos del nivel de solidaridad probado en España por sexto año consecutivo. Esta recogida nacional de alimentos y ha superado las 21.000 toneladas de 2017 y permitirá que en plena Navidad nadie se quedará sin una comida caliente.

En la Federación comentan el «cambio de tendencia» observado este año –con la colecta llevada a cabo el 30 de noviembre, 1 de diciembre y el 2; un giro que suscriben algunos de los 120.000 voluntarios que han participado en la campaña, también de modo altruista, organizados en turnos de 4 horas y dedicando su tiempo libre. La tendencia ha cambiado y «la gente ha dejado de dar un kilo de lentejas o pasta, y se han dado bolsas enteras», dicen. Es fácilmente deducible que ha caído el número de personas que se han acercado a un puesto acoplado a «pie de súper», pero quien ha donado lo ha hecho en mayor cantidad.

Este año se han pedido conservas, aceite y alimentos infantiles. Un tarro de leche de crecimiento cuesta de 8,95 a 15 euros. Pañales, cereales y potitos destinados a los más pequeños han abundado esta edición. «No son productos baratos –comenta Fesbal– y hacían mucha falta».

La imagen de una pequeña empujando un carro entero, lleno de comida con una bolsita preparada para depositarla en la caja habilitada en el puerta del supermercado se ha repetido este fin de semana por toda EspañaLos valores, sean católicos o no, de miles de españoles hacen cola en alguno de estos puntos.

La cadena de alimentación comienza ahí, en los grandes cajones de cartón, que al final de la jornada los propios establecimientos se encargan de trasladar en palés. Antes, han sustituido los productos perecederos que se han donado. Las cajas, rellenas de bolsas con seis kilos de comida cada una, se llevan a los 55 bancos de alimentos de España y de aquí, se reparten a las 8.000 ONG, comedores sociales y ayuntamientos que dan comida a necesitados. Empresas de transporte, cooperativas y fundaciones hacen sus donaciones con apoyos corporativos, no olvidan desde Fesbal. Algunas entidades lo hacen «en especie». Decenas de chavales con discapacidad dan el relevo del voluntariado y demuestran que han nacido para esto. Informan al potencial donante y cogen con ganas la entrega. Un adulto les asesora. Mantienen viva la llama.

Una responsable de Cáritas nos cuenta que con esta ofrenda desinteresada, flanqueada por fechas exponentes del consumismo masivo, son capaces de alimentar a personas vulnerables el resto del año. «El drama es que el 80% de quienes demandan ayuda son trabajadores con niños; no indigentes ni parados en su mayoría».

Escucha un hombre vegano y hace una «propuesta» llamativa: «No sé qué come la gente con una dieta normal. Os doy un carro y lo llenáis con 50 euros. Este año que puedo… Uno nunca sabe cuándo le va a tocar a él. O cuando no podrá aportar nada».

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