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Afganistán: el conflicto en curso deja a cerca de la mitad de los niños fuera de la escuela

El deterioro de la seguridad en los últimos años, la pobreza arraigada y la discriminación se han llevado por delante […]

El deterioro de la seguridad en los últimos años, la pobreza arraigada y la discriminación se han llevado por delante los logros educativos que se habían conseguido entre 2002 y 2006

 

Casi la mitad de los niños de entre 7 y 17 años (3,7 millones) en Afganistán están fuera de la escuela. Es uno de los datos que se desprende del estudio Iniciativa mundial sobre niños fuera de la escuela: Afganistán.

El conflicto en curso y el empeoramiento de la situación de seguridad en todo el país -junto con la pobreza profundamente arraigada y la discriminación contra las niñas- han aumentado el número de niños que no asisten a la escuela por primera vez desde 2002.

Las niñas representan el 60% de la población no escolarizada, lo que las sitúa en una desventaja particular y agrava la discriminación basada en género. En las provincias más afectadas, como Kandahar, Helmand, Wardak, Paktika, Zabul y Uruzgan, hasta el 85% de las niñas no van a la escuela. 

El estudio señala que el desplazamiento y el matrimonio infantil también afectan significativamente las posibilidades de las niñas de ir a la escuela, mientras que la escasez de maestras, las instalaciones escolares deficientes y la inseguridad que afecta la educación en áreas afectadas por conflictos también son factores que alejan a los niños, especialmente a las niñas, del aula.

“Mirar para otro lado no es una opción para Afganistán si queremos cumplir con el derecho a la educación de todos los niños”, dijo Adele Khodr, representante de UNICEF en Afganistán. “Cuando los niños no están en la escuela, están en mayor riesgo de abuso, explotación y reclutamiento”, agrega Khodr. 

Si bien los números son preocupantes, también hay progreso y esperanza. El estudio señala que las tasas de deserción escolar son bajas, ya que el 85% de los niños y niñas que comienzan la escuela primaria terminan el último grado, mientras que el 94% de los niños y el 90% de las niñas que comienzan la secundaria inferior también completan el ciclo. El desafío es primero hacer que los niños vayan a la escuela. 

“Felicitamos al gobierno de Afganistán por priorizar y declarar el año 2018 como el año de la educación”, dijo Khodr. “Ahora es el momento de un compromiso renovado para proporcionar a las niñas y niños las oportunidades de aprendizaje necesarias para progresar en la vida y desempeñar un papel positivo en la sociedad”, agregó Khodr. 

Para superar este desafío, las oportunidades de aprendizaje temprano y la educación basada en la comunidad -incluidos los programas de aprendizaje acelerado-, ofrecen a las familias más control sobre la educación, a través de clases organizadas en edificios comunitarios y, en algunos casos, dentro de los hogares. Esto es especialmente crítico para las niñas, ya que reduce la inseguridad en el camino a la escuela, y por tanto las posibilidades de sufrir acoso o incidentes relacionados con el conflicto. 

La ‘Encuesta de Condiciones de Vida de Afganistán, 2016-17’, publicada en mayo de este año, también destaca las mejoras significativas en las tasas de alfabetización de adultos y jóvenes en las últimas dos décadas. La tasa de alfabetización de los jóvenes (de 15 a 24 años) ha aumentado del 31% en 2005 al 54% en 2017. 

“El acceso de las niñas y niños a la escuela es mucho más que estar en clase”, dijo Khodr. “Se trata de proporcionarles una rutina y estabilidad para su vida, lo que, dada la inseguridad en distintas partes del país, es una inversión inteligente”, agregó. 

El estudio exige un compromiso y una acción constantes del gobierno y la sociedad civil para abordar el problema de los niños que no asisten a la escuela, especialmente las niñas, al tiempo que se reconoce que las instituciones y capacidad sólidas de datos nacionales requieren tiempo e inversión para desarrollarse. Además de proteger a los niños y las escuelas de daños, el estudio identifica cuatro puntos clave de acción, que incluyen:

·        Focalizar a las provincias con tasas desproporcionadamente altas de niñas que no asisten a la escuela, incluido el trabajo con líderes religiosos y otros grupos para abogar por una mayor educación, especialmente para las niñas;

·        Asegurar que las instalaciones de aprendizaje de las niñas cumplan con los estándares básicos de seguridad y salud, incluyendo baños, instalaciones para el lavado de manos y agua potable;

·        Reclutar y desarrollar la capacidad de las maestras; y

·        Abordar el matrimonio infantil.

4 junio, 2018
El deterioro de la seguridad en los últimos años, la pobreza arraigada y la discriminación se han llevado por delante los logros educativos que se habían conseguido entre 2002 y 2006

 

Casi la mitad de los niños de entre 7 y 17 años (3,7 millones) en Afganistán están fuera de la escuela. Es uno de los datos que se desprende del estudio Iniciativa mundial sobre niños fuera de la escuela: Afganistán.

El conflicto en curso y el empeoramiento de la situación de seguridad en todo el país -junto con la pobreza profundamente arraigada y la discriminación contra las niñas- han aumentado el número de niños que no asisten a la escuela por primera vez desde 2002.

Las niñas representan el 60% de la población no escolarizada, lo que las sitúa en una desventaja particular y agrava la discriminación basada en género. En las provincias más afectadas, como Kandahar, Helmand, Wardak, Paktika, Zabul y Uruzgan, hasta el 85% de las niñas no van a la escuela. 

El estudio señala que el desplazamiento y el matrimonio infantil también afectan significativamente las posibilidades de las niñas de ir a la escuela, mientras que la escasez de maestras, las instalaciones escolares deficientes y la inseguridad que afecta la educación en áreas afectadas por conflictos también son factores que alejan a los niños, especialmente a las niñas, del aula.

“Mirar para otro lado no es una opción para Afganistán si queremos cumplir con el derecho a la educación de todos los niños”, dijo Adele Khodr, representante de UNICEF en Afganistán. “Cuando los niños no están en la escuela, están en mayor riesgo de abuso, explotación y reclutamiento”, agrega Khodr. 

Si bien los números son preocupantes, también hay progreso y esperanza. El estudio señala que las tasas de deserción escolar son bajas, ya que el 85% de los niños y niñas que comienzan la escuela primaria terminan el último grado, mientras que el 94% de los niños y el 90% de las niñas que comienzan la secundaria inferior también completan el ciclo. El desafío es primero hacer que los niños vayan a la escuela. 

“Felicitamos al gobierno de Afganistán por priorizar y declarar el año 2018 como el año de la educación”, dijo Khodr. “Ahora es el momento de un compromiso renovado para proporcionar a las niñas y niños las oportunidades de aprendizaje necesarias para progresar en la vida y desempeñar un papel positivo en la sociedad”, agregó Khodr. 

Para superar este desafío, las oportunidades de aprendizaje temprano y la educación basada en la comunidad -incluidos los programas de aprendizaje acelerado-, ofrecen a las familias más control sobre la educación, a través de clases organizadas en edificios comunitarios y, en algunos casos, dentro de los hogares. Esto es especialmente crítico para las niñas, ya que reduce la inseguridad en el camino a la escuela, y por tanto las posibilidades de sufrir acoso o incidentes relacionados con el conflicto. 

La ‘Encuesta de Condiciones de Vida de Afganistán, 2016-17’, publicada en mayo de este año, también destaca las mejoras significativas en las tasas de alfabetización de adultos y jóvenes en las últimas dos décadas. La tasa de alfabetización de los jóvenes (de 15 a 24 años) ha aumentado del 31% en 2005 al 54% en 2017. 

“El acceso de las niñas y niños a la escuela es mucho más que estar en clase”, dijo Khodr. “Se trata de proporcionarles una rutina y estabilidad para su vida, lo que, dada la inseguridad en distintas partes del país, es una inversión inteligente”, agregó. 

El estudio exige un compromiso y una acción constantes del gobierno y la sociedad civil para abordar el problema de los niños que no asisten a la escuela, especialmente las niñas, al tiempo que se reconoce que las instituciones y capacidad sólidas de datos nacionales requieren tiempo e inversión para desarrollarse. Además de proteger a los niños y las escuelas de daños, el estudio identifica cuatro puntos clave de acción, que incluyen:

·        Focalizar a las provincias con tasas desproporcionadamente altas de niñas que no asisten a la escuela, incluido el trabajo con líderes religiosos y otros grupos para abogar por una mayor educación, especialmente para las niñas;

·        Asegurar que las instalaciones de aprendizaje de las niñas cumplan con los estándares básicos de seguridad y salud, incluyendo baños, instalaciones para el lavado de manos y agua potable;

·        Reclutar y desarrollar la capacidad de las maestras; y

·        Abordar el matrimonio infantil.

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