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El fracaso de intentar mediar en las peleas de hermanos

No es tarea imposible que papá y mamá consigan que la relación entre los hermanos sea sana y evitar las […]

No es tarea imposible que papá y mamá consigan que la relación entre los hermanos sea sana y evitar las tristes realidades de hijos que no se hablan

Haz el ejercicio mental de imaginarte que estás en el otro extremo del hogar, y de pronto oyes los gritos: una pelea entre hermanos en su cuarto. Sales corriendo y no sabes que estaba pasando, pero cuando llegas consuelas al que observas que está llorando y gritas justo al hermano que está al lado y ves más tranquilo, que es muy probable que sea el que tenga «menos» culpa. 

Es tan común esta situación en muchas familias, así como también lo es que vuelen tortas en el automóvil en medio de un viaje.

Te puede interesar: ONG quiere sensibilizar sobre el derecho de los hermanos a vivir juntos

«Ambos son escenarios posibles, igual de gestionables que cualquier otro. Lo que hay que hacer es trabajar para que no pase en ninguno», aseguró Maribel Martínez, autora del libro «¿Cuántas veces te lo tengo que decir?» (Arpa Editores).

Allí es cuando nos preguntamos, ¿es posible una relación fraternal sana? ¿Que los hermanos convivan «en paz» y no «se maten»? Para Martínez, promotora de la terapia breve estratégica en nuestro país, «no es imposible, entendiendo ese problema de una manera totalmente diferente».

¿Se puede evitar el escenario de los hermanos que no se hablan?

«Como madre, sé que pensarás que lo mejor que le puede pasar a tus hijos es que sean grandes amigos el día de mañana, que tengan esta infancia donde juegan, comparten, son cómplices… es factible. Es verdad que hay caracteres que son muy diferentes -y el que tiene más de un hermano lo sabe-, porque con uno se lleva mejor que con otro. Pero eso no debería ser un problema», indica, reseñó el diario ABC.

Hay hermanos que permanecen mucho tiempo sin hablarse, y es una triste realidad. En muchas ocasiones, hay una intervención de los padres errónea, que sin saberlo ni quererlo lo promueven.

¿Cómo así? Pues tienen una buena intención. Piensan: «quiero que mis hijos se lleven bien, pero tolero fatal que se peleen. Y cada vez que se pelean intervengo, e intento poner paz».

Sin embargo, por poner paz en ese minuto, después se encuentran un grave problema, que es que no se les deja resolver sus propios conflictos, y es que el conflicto no es el problema. El problema es no resolver el conflicto.

Es en ese particular donde como padres hay que estar muy atentos para conseguir el objetivo final: no es que no se peleen ahora, eso no es un problema. Lo que se busca es que ellos logren conocerse, entenderse, pactar, resolver sus diferencias… y para eso les tenemos que dejar su tiempo. Pero no se lo dejamos.

Promover la resolución de conflictos

De acuerdo al referido medio español, la actitud sin lugar a dudas tiene que ser otra. Tiene que ser la de, «vale, tenéis un conflicto, resolvedlo, confío en vosotros».

La idea es que vayas al cuarto porque los infantes te reclaman: «mamaaaaaá, mamaaaaá», y la progenitora va e intenta poner paz, y encima, regaña al que no es. Después, los hermanos están peor entre ellos. ¿Por qué? Porque por la culpa del otro le castigaron, y además de todo, no logró resolver el conflicto.

14 julio, 2019

No es tarea imposible que papá y mamá consigan que la relación entre los hermanos sea sana y evitar las tristes realidades de hijos que no se hablan

Haz el ejercicio mental de imaginarte que estás en el otro extremo del hogar, y de pronto oyes los gritos: una pelea entre hermanos en su cuarto. Sales corriendo y no sabes que estaba pasando, pero cuando llegas consuelas al que observas que está llorando y gritas justo al hermano que está al lado y ves más tranquilo, que es muy probable que sea el que tenga «menos» culpa. 

Es tan común esta situación en muchas familias, así como también lo es que vuelen tortas en el automóvil en medio de un viaje.

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«Ambos son escenarios posibles, igual de gestionables que cualquier otro. Lo que hay que hacer es trabajar para que no pase en ninguno», aseguró Maribel Martínez, autora del libro «¿Cuántas veces te lo tengo que decir?» (Arpa Editores).

Allí es cuando nos preguntamos, ¿es posible una relación fraternal sana? ¿Que los hermanos convivan «en paz» y no «se maten»? Para Martínez, promotora de la terapia breve estratégica en nuestro país, «no es imposible, entendiendo ese problema de una manera totalmente diferente».

¿Se puede evitar el escenario de los hermanos que no se hablan?

«Como madre, sé que pensarás que lo mejor que le puede pasar a tus hijos es que sean grandes amigos el día de mañana, que tengan esta infancia donde juegan, comparten, son cómplices… es factible. Es verdad que hay caracteres que son muy diferentes -y el que tiene más de un hermano lo sabe-, porque con uno se lleva mejor que con otro. Pero eso no debería ser un problema», indica, reseñó el diario ABC.

Hay hermanos que permanecen mucho tiempo sin hablarse, y es una triste realidad. En muchas ocasiones, hay una intervención de los padres errónea, que sin saberlo ni quererlo lo promueven.

¿Cómo así? Pues tienen una buena intención. Piensan: «quiero que mis hijos se lleven bien, pero tolero fatal que se peleen. Y cada vez que se pelean intervengo, e intento poner paz».

Sin embargo, por poner paz en ese minuto, después se encuentran un grave problema, que es que no se les deja resolver sus propios conflictos, y es que el conflicto no es el problema. El problema es no resolver el conflicto.

Es en ese particular donde como padres hay que estar muy atentos para conseguir el objetivo final: no es que no se peleen ahora, eso no es un problema. Lo que se busca es que ellos logren conocerse, entenderse, pactar, resolver sus diferencias… y para eso les tenemos que dejar su tiempo. Pero no se lo dejamos.

Promover la resolución de conflictos

De acuerdo al referido medio español, la actitud sin lugar a dudas tiene que ser otra. Tiene que ser la de, «vale, tenéis un conflicto, resolvedlo, confío en vosotros».

La idea es que vayas al cuarto porque los infantes te reclaman: «mamaaaaaá, mamaaaaá», y la progenitora va e intenta poner paz, y encima, regaña al que no es. Después, los hermanos están peor entre ellos. ¿Por qué? Porque por la culpa del otro le castigaron, y además de todo, no logró resolver el conflicto.

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