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España quiere reducir sus emisiones un 90% para 2050

Se conseguirá un balance de emisiones cero, de manera que los gases que se arrojen a la atmósfera sean absorbidos […]

Se conseguirá un balance de emisiones cero, de manera que los gases que se arrojen a la atmósfera sean absorbidos por sumideros (bosques o procedimientos técnicos)

España asumió el reto de reducir sus emisiones un 90% para 2050. Se trata de tres metas extraídas de la Estrategia a Largo Plazo de descarbonización del país aprobada en consejo de ministros y cuyo objetivo fundamental es lograr una economía climáticamente neutra.

De acuerdo a fuentes oficiales, se conseguirá un balance de emisiones cero, de manera que los gases que se arrojen a la atmósfera sean absorbidos por sumideros (bosques o procedimientos técnicos).

El documento responde a los compromisos adquiridos por España como estado en la UE y como país firmante del Acuerdo de París.

El pacto mundial alcanzado en la cápita francesa en el 2015 exige a los países poner toda la carne en el asador para frenar el aumento de temperaturas; y, como resultado de ello, es necesario reducir entre un 90% un 100% las emisiones de gases que calientan la atmósfera.

Por eso, los países deben elaborar estrategias a largo plazo y preparar sus sistemas productivos y económicos con un senda que tenga la vista puesta en la neutralidad climática no más tarde de 2050.

De hecho, la Unión Europea aspira a ser el primer continente neutro en emisiones en 2050.

Te puede interesar: Hallan sardinas, anchoas y merluzas en la costa mediterránea española con plastificantes

Por eso, la Comisión Europea apuesta por incrementar el objetivo europeo de reducción de emisiones para 2030, y pasar de un recorte de al menos un 40% respecto a 1990 a un mínimo de un 55%.

Prescindir de los combustibles fósiles

La Estrategia a Largo Plazo señala el camino para prescindir de los combustibles fósiles con una senda hacia la descarbonización que servirá de guía para orientar las inversiones los próximos años, con la voluntad de tender hacia un cambio de modelo y una economía libre de emisiones.

La senda presentada en la Estrategia orientará la movilización de inversiones para la recuperación.

El primer objetivo es que España reduzca, no más tarde de 2050, sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% respecto a 1990.

Esto implicará reducir las emisiones de CO2 desde los 334 millones de toneladas equivalentes (MtCO2eq) emitidas en 2018 a un máximo de 29 MtCO2eq arrojadas en 2050.

El 10% restante de las emisiones será absorbido por los sumideros de carbono, que serán capaces de captar unas 37 MtCO2eq a mediados de siglo, con el fin de alcanzar la neutralidad climática.

¿Y será posible alcanzar esta meta tan ambiciosa?

Uno de los principales instrumentos para lograrlo es el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que irá marcando las sucesivas etapas de realización temporal (el vigente concluye en el 2030).

Si bien la estrategia marca una senda general para alcanzar los objetivos propuestos, la ruta concreta para cada década se irá definiendo de manera detallada por medio de los planes nacionales de energía y clima

En los últimos meses ya se han desarrollado y puesto en marcha algunas medidas y disposiciones legislativas (como la Hoja de ruta del hidrógeno o la Estrategia de almacenamiento energético) que tienen una visión para el 2050 en total consonancia con la estrategia.

Fernando Prieto, director del Observatorio de la Sostenibilidad, sostiene que para lograrlo España debería promover un cambio de modelo desde su misma matriz (para aproximarse “casi al decrecimiento”) en ámbitos como la industria, el turismo, la agricultura y la ganadería, con el fin de “no tener que necesitar tanta energía” . Prieto juzga clave desacoplar los incrementos de las emisiones de la generación de riqueza (“algo que solo se ha producido en épocas de crisis”).

Y, además, considera también que para facilitar las cosas es preferible “un millón de tejados y un modelo descentralizado y participativo, en lugar de tantas grandes instalaciones solares”, indica en relación a algunas de las plantas fotovoltaicas programadas.

El director del Observatorio de la Sostenibilidad sostiene además que el Gobierno muestra una “querencia” por las estrategias a largo plazo (de adaptación al cambio climático, de economía circular, de infraestructuras verdes o para favorecer el hidrógeno verde), “cuando lo que se necesita es concretar todo esto en planes y programas”.

José Luis García, de Greenpeace, señala que la estrategia se queda corta. “La neutralidad climática se debe alcanzar en el 2050 a nivel mundial; pero los países desarrollados, como España, la deben asumir antes: en el 2040”, señala.

José Luis García añade que el plan de energía y clima español prevé un recorte de emisiones del 23% para el 2030 (respecto a 1990), cuando la UE prevé reducirlos un 55%. “Esa diferencia no se sostiene”, recalca..

Será crucial contar con instrumentos de política pública mucho más potentes de los que tenemos en la actualidad para fomentar el cambio a gran escala que se necesita

“Creo que se trata de objetivos necesarios y alcanzables porque contamos con tecnologías maduras, en proceso de maduración o en incipiente desarrollo”, dice Xavier Lavandeira, catedrático de Economía en la Universidad de Vigo.

“Sin embargo creo que será crucial contar con instrumentos de política pública mucho más potentes de los que tenemos en la actualidad para fomentar el cambio a gran escala que se necesita. En particular, necesitamos instrumentos que permitan el desarrollo y maduración de algunas de esas tecnologías y su despliegue a gran escala”, dice el catedrático.

“Y, además, necesitaremos, en parte también a través de políticas climáticas potentes, una implicación muy grande del sector privado para conseguirlo y para alcanzar los objetivos económicos que se plantean en crecimiento, empleo y demás”.

Lavandeira concluye: “Son importantes los objetivos pero es probablemente más relevante tener la capacidad de definir y aplicar políticas públicas potentes desde ya, y cada vez más intensas, que involucren al sector empresarial y permitan el desarrollo económico aquí”.Se trata, dice, de no limitarnos a ser meros importadores de tecnologías y bienes y maximizar los beneficios económicos teniendo en cuenta los impactos distributivos; aunque “desgraciadamente, la experiencia española hasta el momento no es buena”.

Una oportunidad de transformación

El Gobierno sostiene que la transición hacia una economía neutra climáticamente presenta múltiples oportunidades para la industria y pivotará en gran medida sobre el impulso de tres sectores estratégicos, como son las energías renovables, el hidrógeno verde y el almacenamiento energético a lo largo de toda su cadena de valor.

“El despliegue de estas tecnologías contribuirá al autoabastecimiento energético y a un uso más eficiente de los recursos, que redundarán en el cuidado del medio ambiente y en una mayor resiliencia frente al cambio climático”, señala el Ministerio para la Transición Ecológica.

Los promotores del plan revisten estas transformaciones como una oportunidad de mejorar la cohesión territorial, contribuir al desarrollo rural y hacer frente al reto demográfico, pero también mediante el diseño de ciudades más habitables, al tiempo que se abren nuevas oportunidades para el empleo.

Una de los pilares será la disminución de las emisiones, pues, como se ha dicho, el sistema energético estará basado en energías renovables, que representarán un 97% en el consumo final.

Reducir la dependencia del exterior

En esta misma línea, el ahorro y la eficiencia energética será otro pivote clave. Se busca una considerable reducción de la dependencia exterior. Se estima que España pasará de importar el 73% de la energía consumida (en 2018) a tan solo al 13% en 2050, lo que implicará un ahorro acumulado en importaciones de combustibles fósiles entre 2021 y 2050 estimado en 344.000 millones de euros.

El documento identifica las oportunidades y palancas para la modernización y descarbonización de los diferentes sectores económicos del país, que vivirán en las próximas décadas un proceso de transformación tecnológica progresiva y vinculada, especialmente, a la penetración de energías renovables. Este cambio generará importantes oportunidades en toda la cadena de valor industrial, que verá aumentada su competitividad y capacidad productiva en todos los sectores.

La previsión es que la mejora de la eficiencia energética y el ahorro permitan reducir el consumo de energía primaria en torno a un 50% desde el año 2020 hasta el año 2050.

“La aplicación de la estrategia a largo plazo permitirá desacoplar el crecimiento económico del consumo energético. El PIB producido por unidad de consumo final de energía se multiplicará por 2,5 entre 2017 y 2050”, señala el Ministerio

El sector eléctrico será 100% renovable antes de llegar a mitad de siglo, mientras que la contribución de las energías renovables al transporte y la movilidad alcanzará el 79%.

La movilidad y el transporte deberán recortar sus emisiones cerca del 98% respecto a valores actuales, mientras que la industria lo hará en más de un 90% y el sector agropecuario y residuos alcanzará una reducción aproximada del 60%. El sector de la edificación estará 100% descarbonizado en 2050.

4 noviembre, 2020

Se conseguirá un balance de emisiones cero, de manera que los gases que se arrojen a la atmósfera sean absorbidos por sumideros (bosques o procedimientos técnicos)

España asumió el reto de reducir sus emisiones un 90% para 2050. Se trata de tres metas extraídas de la Estrategia a Largo Plazo de descarbonización del país aprobada en consejo de ministros y cuyo objetivo fundamental es lograr una economía climáticamente neutra.

De acuerdo a fuentes oficiales, se conseguirá un balance de emisiones cero, de manera que los gases que se arrojen a la atmósfera sean absorbidos por sumideros (bosques o procedimientos técnicos).

El documento responde a los compromisos adquiridos por España como estado en la UE y como país firmante del Acuerdo de París.

El pacto mundial alcanzado en la cápita francesa en el 2015 exige a los países poner toda la carne en el asador para frenar el aumento de temperaturas; y, como resultado de ello, es necesario reducir entre un 90% un 100% las emisiones de gases que calientan la atmósfera.

Por eso, los países deben elaborar estrategias a largo plazo y preparar sus sistemas productivos y económicos con un senda que tenga la vista puesta en la neutralidad climática no más tarde de 2050.

De hecho, la Unión Europea aspira a ser el primer continente neutro en emisiones en 2050.

Te puede interesar: Hallan sardinas, anchoas y merluzas en la costa mediterránea española con plastificantes

Por eso, la Comisión Europea apuesta por incrementar el objetivo europeo de reducción de emisiones para 2030, y pasar de un recorte de al menos un 40% respecto a 1990 a un mínimo de un 55%.

Prescindir de los combustibles fósiles

La Estrategia a Largo Plazo señala el camino para prescindir de los combustibles fósiles con una senda hacia la descarbonización que servirá de guía para orientar las inversiones los próximos años, con la voluntad de tender hacia un cambio de modelo y una economía libre de emisiones.

La senda presentada en la Estrategia orientará la movilización de inversiones para la recuperación.

El primer objetivo es que España reduzca, no más tarde de 2050, sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% respecto a 1990.

Esto implicará reducir las emisiones de CO2 desde los 334 millones de toneladas equivalentes (MtCO2eq) emitidas en 2018 a un máximo de 29 MtCO2eq arrojadas en 2050.

El 10% restante de las emisiones será absorbido por los sumideros de carbono, que serán capaces de captar unas 37 MtCO2eq a mediados de siglo, con el fin de alcanzar la neutralidad climática.

¿Y será posible alcanzar esta meta tan ambiciosa?

Uno de los principales instrumentos para lograrlo es el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que irá marcando las sucesivas etapas de realización temporal (el vigente concluye en el 2030).

Si bien la estrategia marca una senda general para alcanzar los objetivos propuestos, la ruta concreta para cada década se irá definiendo de manera detallada por medio de los planes nacionales de energía y clima

En los últimos meses ya se han desarrollado y puesto en marcha algunas medidas y disposiciones legislativas (como la Hoja de ruta del hidrógeno o la Estrategia de almacenamiento energético) que tienen una visión para el 2050 en total consonancia con la estrategia.

Fernando Prieto, director del Observatorio de la Sostenibilidad, sostiene que para lograrlo España debería promover un cambio de modelo desde su misma matriz (para aproximarse “casi al decrecimiento”) en ámbitos como la industria, el turismo, la agricultura y la ganadería, con el fin de “no tener que necesitar tanta energía” . Prieto juzga clave desacoplar los incrementos de las emisiones de la generación de riqueza (“algo que solo se ha producido en épocas de crisis”).

Y, además, considera también que para facilitar las cosas es preferible “un millón de tejados y un modelo descentralizado y participativo, en lugar de tantas grandes instalaciones solares”, indica en relación a algunas de las plantas fotovoltaicas programadas.

El director del Observatorio de la Sostenibilidad sostiene además que el Gobierno muestra una “querencia” por las estrategias a largo plazo (de adaptación al cambio climático, de economía circular, de infraestructuras verdes o para favorecer el hidrógeno verde), “cuando lo que se necesita es concretar todo esto en planes y programas”.

José Luis García, de Greenpeace, señala que la estrategia se queda corta. “La neutralidad climática se debe alcanzar en el 2050 a nivel mundial; pero los países desarrollados, como España, la deben asumir antes: en el 2040”, señala.

José Luis García añade que el plan de energía y clima español prevé un recorte de emisiones del 23% para el 2030 (respecto a 1990), cuando la UE prevé reducirlos un 55%. “Esa diferencia no se sostiene”, recalca..

Será crucial contar con instrumentos de política pública mucho más potentes de los que tenemos en la actualidad para fomentar el cambio a gran escala que se necesita

“Creo que se trata de objetivos necesarios y alcanzables porque contamos con tecnologías maduras, en proceso de maduración o en incipiente desarrollo”, dice Xavier Lavandeira, catedrático de Economía en la Universidad de Vigo.

“Sin embargo creo que será crucial contar con instrumentos de política pública mucho más potentes de los que tenemos en la actualidad para fomentar el cambio a gran escala que se necesita. En particular, necesitamos instrumentos que permitan el desarrollo y maduración de algunas de esas tecnologías y su despliegue a gran escala”, dice el catedrático.

“Y, además, necesitaremos, en parte también a través de políticas climáticas potentes, una implicación muy grande del sector privado para conseguirlo y para alcanzar los objetivos económicos que se plantean en crecimiento, empleo y demás”.

Lavandeira concluye: “Son importantes los objetivos pero es probablemente más relevante tener la capacidad de definir y aplicar políticas públicas potentes desde ya, y cada vez más intensas, que involucren al sector empresarial y permitan el desarrollo económico aquí”.Se trata, dice, de no limitarnos a ser meros importadores de tecnologías y bienes y maximizar los beneficios económicos teniendo en cuenta los impactos distributivos; aunque “desgraciadamente, la experiencia española hasta el momento no es buena”.

Una oportunidad de transformación

El Gobierno sostiene que la transición hacia una economía neutra climáticamente presenta múltiples oportunidades para la industria y pivotará en gran medida sobre el impulso de tres sectores estratégicos, como son las energías renovables, el hidrógeno verde y el almacenamiento energético a lo largo de toda su cadena de valor.

“El despliegue de estas tecnologías contribuirá al autoabastecimiento energético y a un uso más eficiente de los recursos, que redundarán en el cuidado del medio ambiente y en una mayor resiliencia frente al cambio climático”, señala el Ministerio para la Transición Ecológica.

Los promotores del plan revisten estas transformaciones como una oportunidad de mejorar la cohesión territorial, contribuir al desarrollo rural y hacer frente al reto demográfico, pero también mediante el diseño de ciudades más habitables, al tiempo que se abren nuevas oportunidades para el empleo.

Una de los pilares será la disminución de las emisiones, pues, como se ha dicho, el sistema energético estará basado en energías renovables, que representarán un 97% en el consumo final.

Reducir la dependencia del exterior

En esta misma línea, el ahorro y la eficiencia energética será otro pivote clave. Se busca una considerable reducción de la dependencia exterior. Se estima que España pasará de importar el 73% de la energía consumida (en 2018) a tan solo al 13% en 2050, lo que implicará un ahorro acumulado en importaciones de combustibles fósiles entre 2021 y 2050 estimado en 344.000 millones de euros.

El documento identifica las oportunidades y palancas para la modernización y descarbonización de los diferentes sectores económicos del país, que vivirán en las próximas décadas un proceso de transformación tecnológica progresiva y vinculada, especialmente, a la penetración de energías renovables. Este cambio generará importantes oportunidades en toda la cadena de valor industrial, que verá aumentada su competitividad y capacidad productiva en todos los sectores.

La previsión es que la mejora de la eficiencia energética y el ahorro permitan reducir el consumo de energía primaria en torno a un 50% desde el año 2020 hasta el año 2050.

“La aplicación de la estrategia a largo plazo permitirá desacoplar el crecimiento económico del consumo energético. El PIB producido por unidad de consumo final de energía se multiplicará por 2,5 entre 2017 y 2050”, señala el Ministerio

El sector eléctrico será 100% renovable antes de llegar a mitad de siglo, mientras que la contribución de las energías renovables al transporte y la movilidad alcanzará el 79%.

La movilidad y el transporte deberán recortar sus emisiones cerca del 98% respecto a valores actuales, mientras que la industria lo hará en más de un 90% y el sector agropecuario y residuos alcanzará una reducción aproximada del 60%. El sector de la edificación estará 100% descarbonizado en 2050.

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