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Los menores inmigrantes: una carga que no acaba

Hay niños que prefieren malvivir en la calle a la espera de un golpe de suerte que les saque de […]

Hay niños que prefieren malvivir en la calle a la espera de un golpe de suerte que les saque de allí.

 

Perdidos entre las cifras de pateras e inmigrantes llegados a territorio español los niños apenas tienen protagonismo, pese a que según los datos del año 2017 2.200 son menores.

La inmensa mayoría son los llamados ‘menores extranjeros no acompañados’ (MENA), que viven bajo la tutela de la administración hasta que cumplen la mayoría de edad.

Pero en Melilla, la primera ciudad de acogida para muchos de ellos, a su incierto futuro se suma además la preocupación por el trato recibido en los centros de acogida, cuestionado por ONGs e incluso por el Defensor del Pueblo. Por eso los niños prefieren malvivir en la calle a la espera del golpe de suerte que les saque de allí.

 “Esto no es un hotel”. Este es el primer mensaje que reciben los menores, procedentes en gran parte de Marruecos, pero también de Argelia, Siria o de Guinea-Conakry, cuando llegan a La Purísima, el centro de acogida de referencia para los MENA.

Situado en un antiguo cuartel en desuso por sus deficiencias, en una zona aislada, tiene capacidad para 180 personas. Pero raro es el momento en los últimos años en que no duplica o triplica su capacidad.

 

Te puede interesar: Menores inmigrantes superan la capacidad de albergue en los centros de acogidas

 

Los menores confirman la máxima anterior y certifican que la estancia allí es de todo menos agradable. José Palazón, de Prodein, una de asociaciones que más trabaja con los menores, describe un paisaje aterrador: literas pegadas unas a otras, colchones hacinados en los pasillos donde se amontonan hasta tres niños por cada uno, pozos ciegos saturados que acaban desbordando las aguas fecales por esos mismos pasillos.

Otros de los datos ofrecidos, afirman que el 56 % de 800 menores, es decir, 448 niños, están perfectamente identificados, además expone que el 95 % de estos niños y adolescentes son identificados como marroquíes, eso lo detalla el consejero de Bienestar Social de Melilla, Diego Ventura.

En la Ciudad Autónoma conocen todos los datos de su identidad: nombre, apellidos, quiénes son sus padres y también la localidad de Marruecos donde viven y, por ende, donde tendrían que ser deportados.

Por otro lado, el total del 95 % de los casos provienen de Marruecos y tienen una media de 16 años. En su mayoría son varones y sólo hay 130 niñas que apenas se dejan ver por las calles. En todos los casos representan el perfil clásico del inmigrante irregular, con el matiz de que son menores y la Ciudad Autónoma tiene que hacerse cargo de ellos y asumir la figura de su tutor legal.

Marruecos reniega de ellos y no está dispuesto, pese a que están perfectamente identificados, a aplicar el acuerdo de cooperación en el ámbito de la prevención de la emigración ilegal de los Menas, su protección y su vuelta concertada, publicado en el BOE del 22 de marzo de 2013.

Según los cálculos del Gobierno melillense, mantener a estos niños cuesta 2.500 euros al mes en cada caso.

Ese dinero, multiplicado por doce meses y por los 800 menores que ahora mismo hay en Melilla se traduce en 24.000.000 euros asumidos por España como consecuencia de la dejadez del vecino alauí.

18 septiembre, 2018

Hay niños que prefieren malvivir en la calle a la espera de un golpe de suerte que les saque de allí.

 

Perdidos entre las cifras de pateras e inmigrantes llegados a territorio español los niños apenas tienen protagonismo, pese a que según los datos del año 2017 2.200 son menores.

La inmensa mayoría son los llamados ‘menores extranjeros no acompañados’ (MENA), que viven bajo la tutela de la administración hasta que cumplen la mayoría de edad.

Pero en Melilla, la primera ciudad de acogida para muchos de ellos, a su incierto futuro se suma además la preocupación por el trato recibido en los centros de acogida, cuestionado por ONGs e incluso por el Defensor del Pueblo. Por eso los niños prefieren malvivir en la calle a la espera del golpe de suerte que les saque de allí.

 “Esto no es un hotel”. Este es el primer mensaje que reciben los menores, procedentes en gran parte de Marruecos, pero también de Argelia, Siria o de Guinea-Conakry, cuando llegan a La Purísima, el centro de acogida de referencia para los MENA.

Situado en un antiguo cuartel en desuso por sus deficiencias, en una zona aislada, tiene capacidad para 180 personas. Pero raro es el momento en los últimos años en que no duplica o triplica su capacidad.

 

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Los menores confirman la máxima anterior y certifican que la estancia allí es de todo menos agradable. José Palazón, de Prodein, una de asociaciones que más trabaja con los menores, describe un paisaje aterrador: literas pegadas unas a otras, colchones hacinados en los pasillos donde se amontonan hasta tres niños por cada uno, pozos ciegos saturados que acaban desbordando las aguas fecales por esos mismos pasillos.

Otros de los datos ofrecidos, afirman que el 56 % de 800 menores, es decir, 448 niños, están perfectamente identificados, además expone que el 95 % de estos niños y adolescentes son identificados como marroquíes, eso lo detalla el consejero de Bienestar Social de Melilla, Diego Ventura.

En la Ciudad Autónoma conocen todos los datos de su identidad: nombre, apellidos, quiénes son sus padres y también la localidad de Marruecos donde viven y, por ende, donde tendrían que ser deportados.

Por otro lado, el total del 95 % de los casos provienen de Marruecos y tienen una media de 16 años. En su mayoría son varones y sólo hay 130 niñas que apenas se dejan ver por las calles. En todos los casos representan el perfil clásico del inmigrante irregular, con el matiz de que son menores y la Ciudad Autónoma tiene que hacerse cargo de ellos y asumir la figura de su tutor legal.

Marruecos reniega de ellos y no está dispuesto, pese a que están perfectamente identificados, a aplicar el acuerdo de cooperación en el ámbito de la prevención de la emigración ilegal de los Menas, su protección y su vuelta concertada, publicado en el BOE del 22 de marzo de 2013.

Según los cálculos del Gobierno melillense, mantener a estos niños cuesta 2.500 euros al mes en cada caso.

Ese dinero, multiplicado por doce meses y por los 800 menores que ahora mismo hay en Melilla se traduce en 24.000.000 euros asumidos por España como consecuencia de la dejadez del vecino alauí.

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