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Los migrantes de Barcelona no están solos, están con la fundación Raval

La fundación trabaja por la inclusión de migrantes desde el año 1998   La inclusión de personas de diferentes nacionales […]

La fundación trabaja por la inclusión de migrantes desde el año 1998

 

La inclusión de personas de diferentes nacionales puede ser difícil en cualquier país. España no es la excepción y más en el barrio el Raval, donde gran parte de los jóvenes provienen de Asia, Oriente Medio o África. Allí desde el año 1998 trabajan los voluntarios de la fundación cristiana Braval, que ofrece apoyo socioeducativo a jóvenes que no ven en su entorno un futuro prometedor.

 

Su herramienta de trabajo: el deporte. Así con equipos de futbol y baloncesto le han enseñado a la comunidad que no hay negros, chinos o pakistaníes sino compañeros, amigos y finalmente españoles, pues muchos nacieron en este país. La historia comenzó  gracias a Jordi Aguiló, Toni Bigorra y Climent Cortés, quienes buscaban ofrecerle a los chicos algo que hacer en su tiempo libre. Un equipo los haría sentir parte de algo. Así nacieron grupos deportivos con integrantes de diferentes etnias y creencias, pero con el mismo objetivo, que es encestar el balón o anotar un gol.

 

El objetivo primordial de la fundación Braval es prevenir la exclusión social y facilitar la incorporación de los migrantes a la sociedad. Lo más dificil es lucha contra los estereotipos existentes en la sociedad española, donde para el año 1998 el 1 % de la población era migrante. En el 2018 se calcula que el 10 % viene de otro país. En el barrio barcelonés Raval al menos el 49 % de las familias son migrantes, todas distribuidas en un kilometro cuadrado que acoge a 49.000 personas. Mientras que en resto de la ciudad hay 15.000 personas por kilometro cuadrado.

 

La buena noticia es que de esos 49.000 al menos 250 niños forman parte actualmente de la fundación. Pueden formar parte de alguno de los equipos de fútbol o baloncesto mientras mantengan sus estudios de manera regular porque la intención principal de los 350 voluntarios de Braval es que los chicos triunfen en el ámbito académico y forman parte de una sociedad activa.

 

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Nacidos en Raval

Incluso los llamados MENA o Menores Extranjeros No Acompañados, jóvenes varones, mayoritariamente de Marruecos son recibidos por la fundación Braval. En el año 2017 fue registrada la llegada de 1.116 adolescentes bajo esta condición. Josep Masabeu, presidente de la fundación asegura que son tratados igual que el resto y deben cumplir con sus obligaciones para jugar en los partidos. Resalta que así como en cualquier parte del mundo, esos menores tienen la inquietud de cualquier chico y las ganas de comerse al mundo.

 

Masabeu por otro lado compara a los españoles que viven en el barrio el Raval, indica que tienen una actitud de derrotismo porque desde niños han visto la pobreza en su familia. Sin embargo, los migrantes vienen de una lucha desde el vientre sus madres y no conocen otra cosa que no sea el trabajo y fuerza de voluntad.

 

Al final del día, según expone Masabeu es que los chicos aprendan a salir adelante por cuenta propia, sin importar si permanecen en España, Berlín o París. Apunta que debido a la situación actualmente no pueden prometerles un trabajo digno cuando terminen de estudiar. Sin embargo, les dan la certeza de que un título académico puede abrir más puertas.

 

Muchos de los que crecieron en la fundación hoy en día son voluntarios, ejemplo de que vale la pena participar en los programas y poner a prueba la capacidad de lucha que cada joven migrante trae consigo.

19 mayo, 2018
La fundación trabaja por la inclusión de migrantes desde el año 1998

 

La inclusión de personas de diferentes nacionales puede ser difícil en cualquier país. España no es la excepción y más en el barrio el Raval, donde gran parte de los jóvenes provienen de Asia, Oriente Medio o África. Allí desde el año 1998 trabajan los voluntarios de la fundación cristiana Braval, que ofrece apoyo socioeducativo a jóvenes que no ven en su entorno un futuro prometedor.

 

Su herramienta de trabajo: el deporte. Así con equipos de futbol y baloncesto le han enseñado a la comunidad que no hay negros, chinos o pakistaníes sino compañeros, amigos y finalmente españoles, pues muchos nacieron en este país. La historia comenzó  gracias a Jordi Aguiló, Toni Bigorra y Climent Cortés, quienes buscaban ofrecerle a los chicos algo que hacer en su tiempo libre. Un equipo los haría sentir parte de algo. Así nacieron grupos deportivos con integrantes de diferentes etnias y creencias, pero con el mismo objetivo, que es encestar el balón o anotar un gol.

 

El objetivo primordial de la fundación Braval es prevenir la exclusión social y facilitar la incorporación de los migrantes a la sociedad. Lo más dificil es lucha contra los estereotipos existentes en la sociedad española, donde para el año 1998 el 1 % de la población era migrante. En el 2018 se calcula que el 10 % viene de otro país. En el barrio barcelonés Raval al menos el 49 % de las familias son migrantes, todas distribuidas en un kilometro cuadrado que acoge a 49.000 personas. Mientras que en resto de la ciudad hay 15.000 personas por kilometro cuadrado.

 

La buena noticia es que de esos 49.000 al menos 250 niños forman parte actualmente de la fundación. Pueden formar parte de alguno de los equipos de fútbol o baloncesto mientras mantengan sus estudios de manera regular porque la intención principal de los 350 voluntarios de Braval es que los chicos triunfen en el ámbito académico y forman parte de una sociedad activa.

 

Te podría interesar: ONG en Barcelona apuesta por la fusión cultural para disminuir índices de violencia

 

Nacidos en Raval

Incluso los llamados MENA o Menores Extranjeros No Acompañados, jóvenes varones, mayoritariamente de Marruecos son recibidos por la fundación Braval. En el año 2017 fue registrada la llegada de 1.116 adolescentes bajo esta condición. Josep Masabeu, presidente de la fundación asegura que son tratados igual que el resto y deben cumplir con sus obligaciones para jugar en los partidos. Resalta que así como en cualquier parte del mundo, esos menores tienen la inquietud de cualquier chico y las ganas de comerse al mundo.

 

Masabeu por otro lado compara a los españoles que viven en el barrio el Raval, indica que tienen una actitud de derrotismo porque desde niños han visto la pobreza en su familia. Sin embargo, los migrantes vienen de una lucha desde el vientre sus madres y no conocen otra cosa que no sea el trabajo y fuerza de voluntad.

 

Al final del día, según expone Masabeu es que los chicos aprendan a salir adelante por cuenta propia, sin importar si permanecen en España, Berlín o París. Apunta que debido a la situación actualmente no pueden prometerles un trabajo digno cuando terminen de estudiar. Sin embargo, les dan la certeza de que un título académico puede abrir más puertas.

 

Muchos de los que crecieron en la fundación hoy en día son voluntarios, ejemplo de que vale la pena participar en los programas y poner a prueba la capacidad de lucha que cada joven migrante trae consigo.

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