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Los nuevos 65

Lo llaman una gran revolución que tiene consecuencias imprevisibles La vejez en la nueva generación tiene otro estereotipo, así lo […]

Lo llaman una gran revolución que tiene consecuencias imprevisibles

La vejez en la nueva generación tiene otro estereotipo, así lo definen los expertos en el tema. Lo llaman una gran revolución, que tiene consecuencias imprevisibles, porque no tiene nada que ver con los antecesores de esta descendencia mayor a 65 años de edad.

Para los expertos esto está definido así, porque son urbanistas con un nivel de estudio alto, la situación económica es mejor; además, están informados al estar envueltos en el mundo de la tecnología, disfrutando de una buena salud y “mayores potencialidades y capacidades para cumplir un papel activo y provechoso para las personas que les rodean y para el conjunto del país”.

Un total de veinte expertos participaron en el informe de la
Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), donde apuestan poner en alza a los mayores y el incremento de la esperanza de vida; un logro indiscutible del progreso.

Los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Julio Pérez Díaz y Antonio Abellán García, señalan que “el envejecimiento demográfico de la humanidad entera no solo no está colapsando la economía, motivando la crisis social o el hundimiento del Estado de bienestar, sino que corre paralelo con el crecimiento económico y el progreso”.

Te puede interesar: Cada vez más las personas mayores utilizan el internet día a día

Además, indican que la definición de “envejecimiento de la población” sea limpiado de esa aura negra que le acompaña y que se liga con el fin de la economía.

Uno de los aspectos importantes es el nivel de estudio que tiene esta generación. “Un indicador privilegiado a la hora de explicar o predecir multitud de características y comportamientos de las personas, algunas tan importantes en la vejez como el estado de salud o la capacidad de aprovechar la información que proporciona el entorno”, sostienen los expertos.

De acuerdo con los investigadores, muchos de estas personas, tienen un nivel formativo alto; además forman hogares pequeños, normalmente con su pareja. Porque la prolongación de la vida lleva aparejada también un aumento de la edad de convivencia.

Y esto contribuye a que precisen menos ayuda de los hijos, porque se sostienen con la pareja, explican los expertos Daniel Devolcer, Jeroen Spijker y Pilar Zueras (Centre d’Estudis Demogràfics, UAB). “Esa mayor supervivencia de las parejas es capaz de compensar los efectos del descenso de la fecundidad”, afirman.

Por lo tanto, les exigen menos dinero a sus hijos; entienden que tienen menos obligaciones con ellos, porque cuidan de sus nietos. Es por ello que tiene como consecuencia la emancipación y maternidad tardía. En el caso de precisar ayuda, sus ingresos les permiten recurrir al cuidado formal.

Pese a los cambios, ese tipo de opción sigue siendo mayoritariamente femenina y urbanita: una de cada tres mujeres mayores de 65 años vive sola en una ciudad de más de 500.000 habitantes. Y los que no viven en pareja, deciden vivir solos, una opción que se prevé irá en aumento a pesar de la intensidad de los vínculos y redes familiares.

1 febrero, 2019

Lo llaman una gran revolución que tiene consecuencias imprevisibles

La vejez en la nueva generación tiene otro estereotipo, así lo definen los expertos en el tema. Lo llaman una gran revolución, que tiene consecuencias imprevisibles, porque no tiene nada que ver con los antecesores de esta descendencia mayor a 65 años de edad.

Para los expertos esto está definido así, porque son urbanistas con un nivel de estudio alto, la situación económica es mejor; además, están informados al estar envueltos en el mundo de la tecnología, disfrutando de una buena salud y “mayores potencialidades y capacidades para cumplir un papel activo y provechoso para las personas que les rodean y para el conjunto del país”.

Un total de veinte expertos participaron en el informe de la
Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), donde apuestan poner en alza a los mayores y el incremento de la esperanza de vida; un logro indiscutible del progreso.

Los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Julio Pérez Díaz y Antonio Abellán García, señalan que “el envejecimiento demográfico de la humanidad entera no solo no está colapsando la economía, motivando la crisis social o el hundimiento del Estado de bienestar, sino que corre paralelo con el crecimiento económico y el progreso”.

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Además, indican que la definición de “envejecimiento de la población” sea limpiado de esa aura negra que le acompaña y que se liga con el fin de la economía.

Uno de los aspectos importantes es el nivel de estudio que tiene esta generación. “Un indicador privilegiado a la hora de explicar o predecir multitud de características y comportamientos de las personas, algunas tan importantes en la vejez como el estado de salud o la capacidad de aprovechar la información que proporciona el entorno”, sostienen los expertos.

De acuerdo con los investigadores, muchos de estas personas, tienen un nivel formativo alto; además forman hogares pequeños, normalmente con su pareja. Porque la prolongación de la vida lleva aparejada también un aumento de la edad de convivencia.

Y esto contribuye a que precisen menos ayuda de los hijos, porque se sostienen con la pareja, explican los expertos Daniel Devolcer, Jeroen Spijker y Pilar Zueras (Centre d’Estudis Demogràfics, UAB). “Esa mayor supervivencia de las parejas es capaz de compensar los efectos del descenso de la fecundidad”, afirman.

Por lo tanto, les exigen menos dinero a sus hijos; entienden que tienen menos obligaciones con ellos, porque cuidan de sus nietos. Es por ello que tiene como consecuencia la emancipación y maternidad tardía. En el caso de precisar ayuda, sus ingresos les permiten recurrir al cuidado formal.

Pese a los cambios, ese tipo de opción sigue siendo mayoritariamente femenina y urbanita: una de cada tres mujeres mayores de 65 años vive sola en una ciudad de más de 500.000 habitantes. Y los que no viven en pareja, deciden vivir solos, una opción que se prevé irá en aumento a pesar de la intensidad de los vínculos y redes familiares.

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