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Más de 4 millones de personas están en España en situación de exclusión severa

La población excluída ha visto empeorar en los últimos años su capacidad de consumo, la situación de su vivienda, la […]

La población excluída ha visto empeorar en los últimos años su capacidad de consumo, la situación de su vivienda, la participación política, la salud y en aislamiento social

 

Según el último informe de la Fundación FOESSA, vinculada a Cáritas Española, ha denunciado que España está inmersa en una recuperación económica a dos velocidades, la de los excluidos y la de los integrados, mientras mantiene en el borde del precipicio de la exclusión a 6 millones de personas, el denominado precariado social.

Durante la presentación de la memoria de actividades del año 2017 y la encuesta de pobreza de Foessa, Cáritas recordó que todavía más de 4 millones de personas están en España en situación de exclusión severa, lo que supone un 40 % más que hace 10 años, cuando comenzó la crisis económica.

Y que un total de 8,6 millones padecen exclusión social -1,2 millones más que en 2007-. La encuesta de la Fundación Foessa, vinculada a Cáritas, pone cifras al precariado, 6 millones de personas (el 13  % de la población) en situación de integración social muy débil. Son los que viven tan al día que podrían caer en la exclusión si empeorase la situación económica.

 Los responsables del área de estudios de Cáritas han explicado que —después de 6 años de crisis y 4 de recuperación— la mitad de la población en España disfruta ahora de una integración plena, no afectada por ningún rasgo de vulnerabilidad.

Esta integración total ha aumentado en los últimos años del 34 % al 48 % de la población, una mejora de un 42 %. Sin embargo, está siendo mucho más lenta la recuperación de los que están en el tramo de la exclusión severa, con una mejoría del 11 % que hace que esta situación siga afectando a un 8,8 % de la población.

 

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 Esto trae mayor desigualdad, porque desliga a las capas sociales y provoca un mayor distanciamiento entre los que viven de una integración total y de quienes transitan por la exclusión más severa, aseguran.

“Mientras que los indicadores medios de renta y empleo muestran una clara tendencia de mejora desde la finalización de la crisis económica, los avances han sido mucho más limitados en las situaciones de vulnerabilidad social y pobreza”, dice el informe de Foessa.

El avance de la encuesta, realizada anualmente a 11.500 familias, indica que la población excluida ha visto empeorar en los últimos años su capacidad de consumo, la situación de su vivienda, la participación política, la salud y en aislamiento social. Sus expertos alertan de una evolución “preocupante” del dato como el porcentaje de hogares sin ingresos del trabajo, que no solo ha visto frenada su tendencia a la baja sino que a finales de 2017 incluso repuntó.

Pero es que además, y como vienen advirtiendo otras organizaciones sociales, el empleo tampoco asegura ya la integración social en España. “La precariedad del mismo, en términos sobre todo de temporalidad y bajos salarios, nos está conduciendo a un escenario en el que disponer de un empleo ya no es sinónimo de integración.

La mitad de las familias en las que hay un empleo no disfrutan de una situación de integridad plena”. Para Cáritas, los retos actuales como sociedad, a corto y medio plazo, pasan por: cerrar la brecha de género, que se ha ampliado un 25 % en la exclusión desde el año 2013; integrar social y económicamente a los más jóvenes;  insertar laboralmente a los adultos mayores; proteger a las familias más débiles, las numerosas y las monoparentales e integrar mejor a la población extranjera, afectada el 47 % por la exclusión social y el 26 % por la exclusión severa.

La organización considera que una coyuntura económica de “bonanza” constituye una oportunidad para generar apoyos a quienes se encuentran peor y pide para ellos prioridad en el marco de las políticas sociales del momento.

Son el 13 % de la población, seis millones de personas, y se sitúan en el espacio de la integración en una posición de gran debilidad, “viviendo tan al día que un ligero empeoramiento en la situación socioeconómica haría que sus posibilidades de transitar a la exclusión sean muy elevadas”, apuntan. Es un reflejo de la conocida precarización social.”

 

 

28 septiembre, 2018

La población excluída ha visto empeorar en los últimos años su capacidad de consumo, la situación de su vivienda, la participación política, la salud y en aislamiento social

 

Según el último informe de la Fundación FOESSA, vinculada a Cáritas Española, ha denunciado que España está inmersa en una recuperación económica a dos velocidades, la de los excluidos y la de los integrados, mientras mantiene en el borde del precipicio de la exclusión a 6 millones de personas, el denominado precariado social.

Durante la presentación de la memoria de actividades del año 2017 y la encuesta de pobreza de Foessa, Cáritas recordó que todavía más de 4 millones de personas están en España en situación de exclusión severa, lo que supone un 40 % más que hace 10 años, cuando comenzó la crisis económica.

Y que un total de 8,6 millones padecen exclusión social -1,2 millones más que en 2007-. La encuesta de la Fundación Foessa, vinculada a Cáritas, pone cifras al precariado, 6 millones de personas (el 13  % de la población) en situación de integración social muy débil. Son los que viven tan al día que podrían caer en la exclusión si empeorase la situación económica.

 Los responsables del área de estudios de Cáritas han explicado que —después de 6 años de crisis y 4 de recuperación— la mitad de la población en España disfruta ahora de una integración plena, no afectada por ningún rasgo de vulnerabilidad.

Esta integración total ha aumentado en los últimos años del 34 % al 48 % de la población, una mejora de un 42 %. Sin embargo, está siendo mucho más lenta la recuperación de los que están en el tramo de la exclusión severa, con una mejoría del 11 % que hace que esta situación siga afectando a un 8,8 % de la población.

 

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 Esto trae mayor desigualdad, porque desliga a las capas sociales y provoca un mayor distanciamiento entre los que viven de una integración total y de quienes transitan por la exclusión más severa, aseguran.

“Mientras que los indicadores medios de renta y empleo muestran una clara tendencia de mejora desde la finalización de la crisis económica, los avances han sido mucho más limitados en las situaciones de vulnerabilidad social y pobreza”, dice el informe de Foessa.

El avance de la encuesta, realizada anualmente a 11.500 familias, indica que la población excluida ha visto empeorar en los últimos años su capacidad de consumo, la situación de su vivienda, la participación política, la salud y en aislamiento social. Sus expertos alertan de una evolución “preocupante” del dato como el porcentaje de hogares sin ingresos del trabajo, que no solo ha visto frenada su tendencia a la baja sino que a finales de 2017 incluso repuntó.

Pero es que además, y como vienen advirtiendo otras organizaciones sociales, el empleo tampoco asegura ya la integración social en España. “La precariedad del mismo, en términos sobre todo de temporalidad y bajos salarios, nos está conduciendo a un escenario en el que disponer de un empleo ya no es sinónimo de integración.

La mitad de las familias en las que hay un empleo no disfrutan de una situación de integridad plena”. Para Cáritas, los retos actuales como sociedad, a corto y medio plazo, pasan por: cerrar la brecha de género, que se ha ampliado un 25 % en la exclusión desde el año 2013; integrar social y económicamente a los más jóvenes;  insertar laboralmente a los adultos mayores; proteger a las familias más débiles, las numerosas y las monoparentales e integrar mejor a la población extranjera, afectada el 47 % por la exclusión social y el 26 % por la exclusión severa.

La organización considera que una coyuntura económica de “bonanza” constituye una oportunidad para generar apoyos a quienes se encuentran peor y pide para ellos prioridad en el marco de las políticas sociales del momento.

Son el 13 % de la población, seis millones de personas, y se sitúan en el espacio de la integración en una posición de gran debilidad, “viviendo tan al día que un ligero empeoramiento en la situación socioeconómica haría que sus posibilidades de transitar a la exclusión sean muy elevadas”, apuntan. Es un reflejo de la conocida precarización social.”

 

 

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