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Melilla un espacio para los inmigrantes ilegales

Los pasos fronterizos entre Melilla y Marruecos son las otras puertas por las que se cuela buena parte de la […]

Los pasos fronterizos entre Melilla y Marruecos son las otras puertas por las que se cuela buena parte de la inmigración irregular que llega a la ciudad.

 

El tema de la inmigración en España es un fenómeno, que ha llegado a Melilla. Se ha convertido en la segunda puerta de entrada de todo el mapa español para las personas ilegales, desde el año 2002 han entrado más de 16.000 inmigrantes.

Según los datos a Melilla solo la supera el Estrecho. Melilla, tiene una población de unos 84.000 habitantes y 8.000 son de nacionalidad marroquí. En la Delegación del Gobierno, permiten a los extranjeros sin contrato laboral, visado o familiares naturalizados regularizar su situación.

Durante el año 2015 y el 2016, solo se aprobaron la mitad de las solicitudes (170 de 327 y 132 de 222, respectivamente).  “Todo el mundo sabe el fracaso que supone solicitar el arraigo”, explican desde Movimiento por la Paz, “pero hay mucha gente que está desesperada, lleva muchos años aquí y no le importa gastarse el dinero en reunir y traducir documentos porque piensan que les corresponde”, explican los abogados.

Los pasos fronterizos entre Melilla y Marruecos son las otras puertas por las que se cuela buena parte de la inmigración irregular que llega a la ciudad.

“Sólo hay que echar una ojeada por la ciudad para darse cuenta de que aquí no toda la inmigración es negra”, apunta uno de los muchos guardias civiles veteranos en la vigilancia de la valla. Las estadísticas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) le dan la razón, pues más del 40 % de los 900 acogidos no son de origen subsahariano.

Argelinos y sirios son los dos grupos más numerosos de este centro tan saturado, que fue construido hace 20 años para albergar a 480 personas. La casuística de estos inmigrantes es diferente a la de los ‘morenos’, como llaman en Melilla a los de piel oscura, pues aprovechan que sus rasgos magrebíes son similares a las de los marroquíes para confundirse con ellos en los pasos fronterizos.

Allí, en medio de un caos por el que más de 30.000 personas pasan a diario para ir de Marruecos a Melilla y viceversa, estos inmigrantes se hacen pasar por ciudadanos del país vecino enseñando una documentación falsa para entrar a la ciudad sin tener que saltar la valla, montarse en una patera o esconderse en un infrahumano doble fondo.

 

Te puede interesar: Melilla no quiere recibir más menores inmigrantes

 

Así es como muchos de los inmigrantes llegan a Melilla haciendo muy poco ruido, sin imágenes vistosas de asaltos a la frontera, pero con el mismo impacto en las estadísticas de la inmigración irregular o quizá más, porque muchos de ellos llegan con la familia a cuestas y con intenciones de pedir asilo político. Es lo que ocurre con los sirios, colectivo en el que la mayoría son niños.

El resto de inmigrantes de origen no subsahariano lo forman un puñado de asiáticos de India, Pakistán y Bangladesh, los únicos del CETI, donde se da acogida a inmigrantes de casi 40 nacionalidades diferentes. Casi todo el mapa africano tiene representación en este centro de estancia temporal, donde viven un tiempo hasta que son trasladados a la península, bien para ser alojados en centros de acogida gestionados por las Organizaciones No Gubernamentales, o para ser devueltos a sus países de origen, poniendo fin al sueño europeo incentivado por las mafias.

 

 

 

19 octubre, 2018

Los pasos fronterizos entre Melilla y Marruecos son las otras puertas por las que se cuela buena parte de la inmigración irregular que llega a la ciudad.

 

El tema de la inmigración en España es un fenómeno, que ha llegado a Melilla. Se ha convertido en la segunda puerta de entrada de todo el mapa español para las personas ilegales, desde el año 2002 han entrado más de 16.000 inmigrantes.

Según los datos a Melilla solo la supera el Estrecho. Melilla, tiene una población de unos 84.000 habitantes y 8.000 son de nacionalidad marroquí. En la Delegación del Gobierno, permiten a los extranjeros sin contrato laboral, visado o familiares naturalizados regularizar su situación.

Durante el año 2015 y el 2016, solo se aprobaron la mitad de las solicitudes (170 de 327 y 132 de 222, respectivamente).  “Todo el mundo sabe el fracaso que supone solicitar el arraigo”, explican desde Movimiento por la Paz, “pero hay mucha gente que está desesperada, lleva muchos años aquí y no le importa gastarse el dinero en reunir y traducir documentos porque piensan que les corresponde”, explican los abogados.

Los pasos fronterizos entre Melilla y Marruecos son las otras puertas por las que se cuela buena parte de la inmigración irregular que llega a la ciudad.

“Sólo hay que echar una ojeada por la ciudad para darse cuenta de que aquí no toda la inmigración es negra”, apunta uno de los muchos guardias civiles veteranos en la vigilancia de la valla. Las estadísticas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) le dan la razón, pues más del 40 % de los 900 acogidos no son de origen subsahariano.

Argelinos y sirios son los dos grupos más numerosos de este centro tan saturado, que fue construido hace 20 años para albergar a 480 personas. La casuística de estos inmigrantes es diferente a la de los ‘morenos’, como llaman en Melilla a los de piel oscura, pues aprovechan que sus rasgos magrebíes son similares a las de los marroquíes para confundirse con ellos en los pasos fronterizos.

Allí, en medio de un caos por el que más de 30.000 personas pasan a diario para ir de Marruecos a Melilla y viceversa, estos inmigrantes se hacen pasar por ciudadanos del país vecino enseñando una documentación falsa para entrar a la ciudad sin tener que saltar la valla, montarse en una patera o esconderse en un infrahumano doble fondo.

 

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Así es como muchos de los inmigrantes llegan a Melilla haciendo muy poco ruido, sin imágenes vistosas de asaltos a la frontera, pero con el mismo impacto en las estadísticas de la inmigración irregular o quizá más, porque muchos de ellos llegan con la familia a cuestas y con intenciones de pedir asilo político. Es lo que ocurre con los sirios, colectivo en el que la mayoría son niños.

El resto de inmigrantes de origen no subsahariano lo forman un puñado de asiáticos de India, Pakistán y Bangladesh, los únicos del CETI, donde se da acogida a inmigrantes de casi 40 nacionalidades diferentes. Casi todo el mapa africano tiene representación en este centro de estancia temporal, donde viven un tiempo hasta que son trasladados a la península, bien para ser alojados en centros de acogida gestionados por las Organizaciones No Gubernamentales, o para ser devueltos a sus países de origen, poniendo fin al sueño europeo incentivado por las mafias.

 

 

 

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